Las fiestas son importantes para nosotros. En realidad son muy importantes para Carola y ella me hizo valorar en estos años que estoy con ella, cada celebración y cada festejo como excusa para ver a los seres queridos.

Cheryl, nuestra madre kiwi que nos hospedó durante dos meses, nos había invitado a pasar navidad con ella y su familia en Ashburton, en la isla Sur. Fuimos con un poco de duda ya que no sabíamos cómo iba a ser ni que tan bienvenidos nos íbamos a sentir. Los prejuicios siempre están para ser destruidos.

Después de 5 horas de viaje, con una parada obligatoria por nuestro lugar favorito de Nueva Zelanda – por lo menos hasta ahora – llegamos a la casa de los Ford.

Cheryl nos recibió con un enorme abrazo al grito de “My childrens!”, algo habitual en ella. Después de saludar a varios familiares y amigos de la flia, llegamos al patio donde se encontraba Don, el marido de nuestra madre postiza. Ya les hemos contado cómo es: frío, serio, de pocas palabras. Llegamos a su encuentro, saludamos y le estrechamos la mano. Su respuesta fue un abrazo enorme, una sonrisa de oreja a oreja y un “How are you guys, nice to see you again!”. Sorpresas te da la vida.

Conocimos a los tres hijos de ellos, a sus nietos, todos muy amigables y haciéndonos sentir desde el primer momento como si estuviéramos en nuestra casa.

Llegamos sin saber bien en qué momento iban a celebrar navidad por lo que no nos sorprendió tanto cuando, post cena de fish and chips, nos dijeron “hasta mañana” y se fueron a dormir a eso de las 10 PM del 24 de diciembre. Primera navidad en la que nos vamos a dormir antes de las 12 y sin abrir regalos.

Amanecimos y, el comienzo de la película/dibujito yankee seguía con un desayuno de panqueques previo a la tan deseada apertura de regalos (¡¡ERAN LAS 11 AM Y TODAVÍA NO HABÍAMOS ABIERTO LOS REGALOS!!).

Regalitos para todos y todas, – miles – para nosotros más de los esperados, otra señal que nos hacía sentir más parte de la flia Ford. Después del gran momento que incluyó Play Station 4, Ipad y otros chiches, llegó el gran momento esperado por mi que me habían arrebatado la noche anterior. Lo llamo “La gran comilona de navidad”: Pollo, una pata de jamón enorme, carne, miles de ensaladas, papas y nuestro aporte argento: las empanadas (de gran éxito, modestia aparte).

Después de la siesta, el postre y una charla con la familia por Skype, fuimos a visitar a Flor, una argentina que iba a un año menos en mi colegio y de la cual ya hablamos tiempito atrás. Antes de NZ no nos veíamos hace 8 años e, increíble o no, la siento ya una amiga de la vida. Fernets, empanadas y bizcochuelo con dulce de leche cerraron un 25 de diciembre distinto pero feliz y sin extrañar tanto como creíamos que lo íbamos a hacer.

Se viene año nuevo, nuestro primer nuevo año juntos. Sería una mentira decir que no extrañamos, menos en estas fechas, pero si hay algo que es cierto es que la gente en este país, tanto los Working Holidays como los kiwis, nos hacen la cosa mucho más fácil de lo que creíamos.

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