De camino hacia Alexandra, decidimos pasar por Mt. Cook ya que nos habían recomendado sus trekkings y queríamos hacer algo de actividad luego de pasar horas arriba del auto.

Un paisaje de montañas nevadas y una leve lluvia nos recibía en la entrada del centro de atención. Si hay algo que no nos para de sorprender de Nueva Zelanda, y sobre todo de la Isla Sur, es la belleza que rodea la ruta, sea cual fuere la que tomes. También es increíble como a cada kilómetro el clima puede variar con tanta facilidad: del sol claro que ilumina el lago Tekapo se puede pasar rápidamente a la lluvia ventosa del Mt. Cook.

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No teníamos mucho tiempo por lo que consultamos por una caminata de menos de 2 horas. Uno de los guías nos recomendó hacer los Blues Lakes y mirar el Tasman Lake, algo que no duraría más de una hora y media (ida y vuelta).

Llegamos al lugar y, en una bifurcación, decidimos ir rumbo a los “lagos azules” tentados por ver algo tan colorinche como lo que habíamos visto de Tekapo y Pukaki. Eran tres los lagos con los que nos encontraríamos.

– Primer lago: pequeño, con el agua bastante sucia.

– Segundo lago: un poco más grande, el agua seguía estando sucia pero un poco más clara, como la de un arroyo.

– Tercer lago: el más grande. Agua de color verde gris.

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Después del tercer lago, al no ver nada azul, pensamos que habría más y, como el camino seguía, bordeamos el agua y seguimos camino. Nos parecía raro que no haya nadie por allí pero nuestro espíritu aventurero pudo más.

Una ruta de tierra semi inundada nos recibía luego de varios minutos de caminata. Carola no quería seguir pero mi insistencia pudo más. Mala mía.

Tras una hora de haber recorrido esa ruta y de haber cruzado varios charcos de agua, decidimos buscar nuestra ubicación y nos dimos cuenta, estábamos perdidos (otra vez y vannnn). Con esto también nos percatamos de lo siguiente: los Blues Lakes los habíamos pasado; los blues lake de azul no tenían nada; el camino que seguimos no había que seguirlo; estábamos yendo rumbo a la cima del Mt. Cook.

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Y bueno, otra perdida por culpa de mis ganas de investigar y descubrir pero bueno Carola, además de llamarme “Dora la exploradora”, me perdonó porque fue un lindo ejercicio, nos divertimos y vimos paisajes increíbles. Acá les dejo un videito del momento en que dudamos que estábamos perdidos y la confirmación de eso:

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