Son las 4:35 y amanecemos con Don golpeando la puerta de la habitación después de dos avisos del celular que ignoramos por completo.

– Are you coming to watch the match?

– Yeees… . Contestamos entre lagañas. No vamos a perdernos de ver cómo viven la final del Mundial de Rugby en Kiwilandia.

Como ya lo habíamos hecho en otra oportunidad, vamos a la casa de unos vecinos donde está reunido el resto del barrio. La casa está ambientada con globos negros, cartelitos de “try”, y banderas de los All Blacks y de Nueva Zelanda por todos lados; por su parte las mujeres tienen stickers alusivos en la cara y no hay ninguna persona que no tenga algo negro. Somos alrededor de 20 personas -por lo menos- distribuidas frente a la televisión. Como en los partidos anteriores, nos dan una hoja donde poner el resultado que creemos para esta final. Son las 5 am y como no consideran que sea hora de desayunar comienzan a abrir botellas de champagne. El alcohol nunca falta en ninguna reunión.

Suena el himno y se viene el “haka”. Todos se emocionan. Nueva Zelanda madruga a los australianos y arranca ganando, excelente excusa para largar la primera ronda de shots de whisky a la que nos negamos con un café en la mano cada uno. Una de las vecinas es australiana y está de visitante con su camiseta haciendo frente a todas las bromas que le hace el resto. Todos se cagan de risa, todos ya empiezan a ponerse en pedo.

El segundo tiempo lo viven relajados hasta que Australia convierte dos tries que los acerca en el marcador. Ahora no hacen tantos chistes y con Agus nos miramos de reojo. Nos gusta vivir todas las sensaciones, pero ojalá ganen. Se está poniendo feo el doparti pero los All Blacks salen a relucir su pasta y liquidan el partido con ese tal “Carter”, 10 y figura -y fachero para las chicas que quieran googlear-. Se cumplen los 80, y todos gritan, exclaman y celebran. Nueva Zelanda consigue su tercer título (el segundo en 4 años). Espero ver alguna que otra lágrima pero nada. Son campeones del mundo y el rugby es para ellos lo que para mi el fútbol pero no. Festejan, escabiados, pero medidos.

Se viene el desayuno explosivo. Salchichas parrilleras, papas, bacon, huevo, tostadas y tomate nos esperan para amanecer bien arriba (!). Vienen algunos con los que nunca habíamos conversado y nos dicen cosas que aunque pongamos toda la intención del mundo no las entendemos y nos limitamos a sonreír. Están muy mamados.

Viene el marido de la australiana y nos pregunta si somos argentinos. Ante la afirmativa se le empieza a caer la baba hablando de los Pumas y otro tanto de manera literal volando a nuestras caras. Nos felicita por el equipo que tenemos y repite una y otra vez que en unos años seremos campeones.

Hora de volver con la panza llena y el corazón contento. Admito que nunca jamás en mi vida había visto un partido de rugby hasta que llegué a éste país. Hasta el día de hoy le pregunto algunas reglas a Agus y renegaba con todo ese asunto de “derrota digna”. Después de cuatro semanas y sin resistir un archivo puedo decir que al vivirlo de manera tan intensa lo pude entender un poquito más. Pero por favor, que no falte nunca en este mundo una pelota redonda.

Videito:

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