La idea era despertarse temprano, desayunar con Karina antes de que se vaya al trabajo y sarasa. Por supuesto el despertador sonó y seguimos de largo, somos pésimos huéspedes si se trata de madrugar

Una vez arriba preparamos el tereré y rumbeamos para la playa “Murciélago” que es la que tenemos a 4 cuadras. Otra vez nublado, para variar, pero esta playa a diferencia de las que veníamos visitando es mucho más turística, la arena es más bonita y el mar más de lo mismo. Logramos conseguir un mapa (misión difícil) y recorrimos un poco la costa hasta que el calor nos empezó a derretir y preferimos volver a la casa. 

Caminamos un poco por la ciudad, fuimos al mercado, y cuando pasamos por una parrilla nos manijeamos con salir a cenar afuera. Apenas llegó Karina a la casa le ofrecimos el plan, se copó y nos fuimos a cenar acá cerquita los tres. Yo me pedí chuleta de cerdo, Tiny carne de res y Kari chorizos, cada plato venía acompañado con ensalada y patacones. Cenamos riquísimo mientras hablábamos de educación, sociedad, política, y distendimos con comidas, palabras típicas de cada lugar y vivencias en países visitados. Una vez pipones, volvimos y le preguntamos si podíamos quedarnos una noche más, porque todavía no teníamos muchas certezas con el alojamiento en Puerto Lopez. Empezó a dudar y nos explicó que ya había sacado pasaje para irse a su pueblo (Babahoyo, Guayaquil). Al toque le dijimos que no había drama, que nos íbamos pero enseguida nos ofreció: “Quédense acá, yo vuelvo el domingo a la noche, les parece?”. Yo no podía creer lo que escuchaba. ¡Nos conoce hace menos de 24 horas y nos está dejando vivir solos en su casa todo un fin de semana!. Aceptamos con sorpresa ante la oferta y ella toda natural y relajada se fue a dormir como si nada. 

Y bueno, seremos propietarios por un finde, después les contamos qué tal la pasamos “en casa”.

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