Contentos por el traslado gratuito y que, al llegar juuusto esté el bus, nos dispusimos a ir haca Manta. Eso sí, para llegar a destino teníamos que tomarnos más de un bondi. De antemano sabíamos que los buses en Ecuador no son directos y con tal de subir a más pasajeros hacen un viaje de una hora en tres (preguntenle a Caro sino). 

De la entrada de Mompiche nos tomamos el bus hacia “Chaminga” por 1, 5 por persona. En aproximadamente una hora estuvimos en el pueblito. Al bajar un hombre ya estaba esperando para llevar a otro bus a la gente hacia “Pedernales”, nuestro próximo destino. Cabe contar que en cada bus o buseta hay un chofer y un acompañante que te guarda el equipaje y te obra cuando ya estas sentado, nunca antes. Este nos cobró 0,75 por persona. Al llegar a la terminal de Perdernales (Pedernera como el jugador de fútbol para Caro), buscamos sin éxito algo que nos lleve directo hacia Manta. Lo más cercano era Portoviejo y allá fuimos. El viaje duró unas 4 horas y medía a $5 por persona. 

Por $1,10 compramos un agua y dos paquetes de papas para reponer energías e intentar aguantar el largo viaje que nos esperaba. Pese al fastidio nos gustó ver que este bus valía el precio. Asiento más cómodos, aire acondicionado y un plasma que pasaba películas, aunque para fortuna de Caro, eran todas de Jean Claude Van Damme, así que se puso los auriculares y se durmió gran parte del viaje. Como casi los micros, frenaba en cada esquina por si alguien quería subir o bajar así que no quedaba más que relajarse y tomarlo como costumbre. Todo el tiempo me ponía a pensar si esto fuera así en Buenos Aires… ¿Se imaginan a los bondis que van a Mar del Plata u otro lugar parando en la ruta constantemente? Locura.

A mitad de camino el bus se detuvo en un pueblito y ahí vi algo que me iluminó la cara: vendedores subían a ofrecernos una larga variedad de comidas y bebidas. Empanadas, tortillas de maíz, agua de coco, de todo. Desperté a Carola y el olor la convenció para comprar unas empanadas de pollo con huevo a 0,50 y una de queso a 0,25 que nos dejaron más que llenos. Un par de películas de Van Damme más tarde, llegamos a destino, bah, al antepenúltimo. Largo no?

Portoviejo quedaba a 50 minutos de Manta, así que al llegar a la terminal nos tomamos OOOTRO bus hacia allí. Yo ya no podía más del sueño; salimos a las 11:15 y ya eran las 18:50 cuando caímos en Manta. Pero todavía faltaba más. Un taxi por $1.5 nos llevó a lo de Karina, nuestra anfitriona de Couchsurfing. Ya estábamos, fin del largo viaje, pero como casi siempre en Ecuador… debíamos esperar un poco más.

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