– Es por acá…

– Qué casa es?

– No tenemos el número, calle primera paralela entre 21 y 22… mmm, está bien, déjenos acá.

Ahí nos bajamos, en la dirección que teníamos anotada pero sin saber la numeración. Llamamos a Karina desde un locutorio pero nada, no nos atendía. Pensamos en ir a robar wifi a algún lugar para escribirle por la web de couch y ahí lo vimos: Subway. Con la lija que teníamos y el menú económico  nos convenció completamente. 

Nos acomodamos como si fuese un hotel, tiramos las mochilas en el piso, pelé la netbook, le dimos al “refresh” de gaseosas constantemente y le mandamos mensaje para avisarle que estábamos a dos cuadras de su casa pero que no sabíamos cuál era y que cualquier cosa estábamos comiendo algo ahí. Después de un rato nos llegó un mensajito avisando que estaba en una reunión y que por eso estaba retrasada. A mi particularmente me alcanzaba con saber que Karina existía realmente (?), Tiny necesitaba tirarse en algún lado. 

Al fin logramos comunicarnos y se vino con nosotros a comer algo. Exaltados los dos no dejábamos de hacerle preguntas, y ella simpatiquísima nos contestaba todo mientras comía su sanduche (como dicen acá).

El perfil de Couchsurfing ya nos había adelantado un poco de ella: 29 años, ingeniera en alimentos, da clases en una universidad de Portoviejo y tiene muchísima cancha con el tema de hospedajes. De hecho llegamos a ella gracias a una argentina que nos la recomendó en un grupo de Facebook de mochileros y que había estado por acá en enero. 

La casita es chiquita y sencilla. Ella vive sola así que mucho más no necesita y aunque se queje de lo pequeña que es para mi el espacio está re bien distribuído. Nos mostró nuestro cuarto con dos colchones inflables que para nosotros después del nidito era un gran lujo. Nos sentamos en el comedor a seguir contando experiencias de viajes, nos recomendó lugares para visitar y nos mostró donde estaban las llaves para sentirnos como en casa.

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