Como nos había pasado ayer, volvimos a quedarnos dormidos. Nos despertó Kari avisándonos que se iba y recién volvía el domingo por la noche. Creo que le dejamos una imagen de argentos dormilones.

Después de despertarnos decidimos preparar tereré y sanduches de atún para la playa. Pensábamos ir a la playa “Santa Marianita”, a 20 minutos del centro de Manta pero el costo del viaje y el calor para caminar, nos hicieron desistir. Llegamos a Playa Murciélago y notamos, otra vez, algo que solo es un dato de color: las ecuatorianas que vimos hasta ahora no usan bikini, usan malla enteriza o directamente un short; en cambio los hombres, no importa la contextura que tengan, usan trajes parecidos a los boxers.

UN CONSEJO: si van a ir a una playa turística de Ecuador, no se lleven comida. Nosotros quisimos ahorrar llevando los sanduchitos pero es tan grande y variada la oferta gastronómica que caes en la tentación siempre..y a buen precio. Ejemplo: pan de yuca, 3 x 1D; empanadas c/u 0,25 D.

En Playa Murciélago pueden hacer las actividades turísticas típicas como: pasear en banana o gomón inflable, snorkel, etc. Nos ofrecieron por 15 D el snorkel y, aunque no nos convenció hacerlo ahí, si les gusta pueden regatear el precio.

 El calor nos hizo volver a casa (Kari nos dijo que hay calores más agobiantes, por ejemplo: Guayaquil). Menos mal que es invierno. 

Pasamos por “Super Maxi” (Supermercado de Manta) a comprar provisiones. Los precios son variados: por 1 D compras un bidón de agua de 6 litros, por 0,80 un paquete de fideos, 1, 20 D una salsa.

Ya en casa (nos sentimos como en casa) buscamos couch en Puerto López, nuestro próximo destino. A Caro se le ocurrió armar Fernet en el termo e ir a ver la puesta del Sol (en esta época a las 19 ya es de noche). Fernet, playa, cuarteto, mar tibio y un sol naranja que bajó a una velocidad nunca vista. Más no podíamos pedir. 

A la noche me encargué de la cena. Fideos con salsa rosa y salchichas. Nos dimos un gustazo. De postre, un gustito para la cachetona. Así pasaba nuestro primer día como “dueños” de una casa en Manta.

T.

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