Habíamos quedado con Enrike que nos buscaría muy temprano si el día estaba lindo y se prestaba para ir a andar en bici hasta las cascadas. El que nos terminó despertando fue un amigo de los chicos que entró al local lo más tranqui diciendo que él también dormía acá los fines de semana. No entendíamos demasiado pero quedó en ir a verlos a ellos y se fue.

A cada rato aparecía el sol y cuando empezamos a acercarnos al mediodía decidimos jugárnosla e ir a la Casa del Árbol, desde allí si teníamos suerte podríamos ver el volcán Tungurahua.

Nos tomamos el bus de las 14 hs. y en 40 minutos llegamos. Este era uno de los lugares más esperados por mi desde que me mostró las fotos. Una casita de madera en un árbol, un columpio para hamacarse sobre la nada misma o mejor dicho sobre todo. Esperamos que el resto de los turistas haga lo suyo mientras rogábamos que las nubes nos dejaran ver la cima del volcán, pero nada.

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Desde muy chiquita amo las hamacas, esa sensación del vientito en la cara y sentirte tan alto no sé por qué siempre me pareció alucinante, hoy superó todo. Las montañas, las nubes delante de mis ojos, la adrenalina esa de saber que el abajo está muy lejos y el sentirse tan ínfima entre tanta inmensidad, tanto mundo. No los quiero aburrir, pero fue perfecto.

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Tomamos unos tererés y charlamos con europeos, ecuatorianos y argentinos. En cada conversación una anécdota, un consejo o algo para recordar. Fuimos varios los que nos quedamos unas horas con la esperanza de ver el Tungurahua pero parece que el volcán se alquiló la nube más espesa y no nos dejó ver su cima.

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Regresamos a pata sin saber exactamente cuántas horas eran y, a mitad de camino, haciendo dedo nos levantó una familia ecuatoriana en la que el conductor, Danilo, aseguró que mi puchero lo compró.

Por la noche le dije al pebete que se vista que lo llevaba a pasear, y fuimos a cenar abundante. A la salida nos encontramos con los chicos y coordinamos para mañana si el día acompaña hacer el camino de las cascadas en bicicletas. Baños nos está agotando físicamente y sin embargo, nos encanta.

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