Amanecimos con un sol hermoso y nos fuimos a la agencia para buscar las bicis y pedalear a las cascadas. Una vez que cada uno tuvo la suya arrancamos. Al principio el camino parecía amigable, de hecho hubo un par de subidas intensas pero que zafaban aunque yo no dejaba de pensar en que si el camino de ida era tan fácil significa que el de vuelta sería lo contrario. Tiny se confiaba en que no había señalización para bicis en el otro carril así que “debería haber otro camino”.

Llegamos a la primera cascada. Yo para no perder la costumbre me desplomé con la presión baja, casi que ni habíamos desayunado y entre el calor y el esfuerzo la quedé. Junté fuerzas, y continuamos.

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La mayor parte del trayecto era por carretera normal pero en algunas partes, el camino se desviaba para las bicicletas y teníamos la suerte de andar al lado de las montañas, observando las cataratas alrededor. Respirábamos bien profundo y el aire era más puro de lo que creíamos. Calculo que fue todo este asunto lo que lograba que siga pedaleando, porque realmente había subidas que me liquidaban las gambas y –creo yo- que me tocó la peor bicicleta con cambios de la historia. No había instrucción de Agus que valga y yo empecé a fastidiarme mucho. “Subiste el Ruco… no vas a llegar acá?”, me decía y me tocaba el orgullo, así que seguimos.

Hicimos un parate en una de las cascadas para almorzar y tomar tereré y cuando fuimos a conocer el famoso “Pailón del diablo” nos enteramos que cobraban entrada y que implicaba bajar muchisisisimo para ver agua caer. Todo muy lindo pero no, desistimos. Ahí nos enteramos que la mayoría de la gente que venía en bicis se volvía en un bus que las cargaba ya que el camino de vuelta era “difícil”. Estábamos bastante molestos por no saberlo de antemano y tampoco queríamos pagar esa comodidad. Yo no podía más, sin embargo mi compañero me manijeó con eso de que podía hacerlo, que íbamos a ir despacio, que sarasa y me convenció.

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Así como le pasó a Tiny en el Ruco, yo también volví en piloto automático. El camino tenía demasiadas subidas y casi nada de espacio para las bicis, ahí fue que entendimos por qué no había señalización para las mismas. Juro haberme esforzado hasta donde pude, cuando mis piernas ya no me contestaban bajábamos y le dábamos a pata llevando las bicis por el costado de la ruta. Veíamos una bajada y nos subíamos, y así durante 24 kilómetros. Para  condimentar el regreso a Baños se largó a llover con todo, estábamos empapados, con frío y pasándola como el culo (al menos yo ya no sentía ni los pies ni las manos). Agus cada tanto me preguntaba si hacíamos dedo pero no. Mi orgullo me podía más.

Basta para mi
Basta para mi

Llegamos a una parte del camino que nos habían dicho que tengamos demasiada precaución, un túnel que a la ida había sido en bajada y fue una fiesta. El de vuelta era más largo, y no tenía tanto espacio. Lo pasamos caminando con las bicis pegaditos a la pared pero los camiones y los micros nos rozaban y nos mirábamos con el culo fruncido del miedo que nos daba.

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El tunel de la muerte jaja
El tunel de la muerte jaja

Así pasaron unas horas, ni idea cuantas, pero llegando a Baños le agradecí a Tiny por no haberme dejado volver en otra cosa, por haberme ayudado a superarme a mi misma aún cuando estaba fastidiosa, de mal humor y sin ganas de nada. Solo espero quedar con las mejores piernas de Ecuador después de tanta cháchara (?)

Fuimos a la agencia a dejar las bicis y los chicos nos avisaron que ya tenían el departamento así que nos podríamos bañar allí y ya llevar todas nuestras cosas. Por suerte quedaba a 10 cuadras nada más y es muy amplio. Recién están mudando todas sus cosas así que está pelado pero los genios nos dejaron un cuarto para nosotros solos y nos tiraron un colchón (felicidad a esta altura!).

Antojados de algo caliente nos fuimos a tomar un café con pan de yuca como cena y de paso le usamos el wifi a un restaurante del centro. Lo gracioso fue cuando de repente nos quedamos sin señal y sospechamos que uno de los tipos de ahí había desconectado el módem para que nos vayamos. Nos quisimos sacar la duda así que nos hicimos los giles y nos fuimos a sentar a un banquito afuera. A los 5 minutos volvió a conectarse internet. Hijo de puta ratón, LTA, te lo usamos todo y no te percataste, gil (?). Hecha la descarga nos retiramos a dormir profundamente después de un arduo día de actividad.

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