Antes que sonara el despertador escuchamos que llovía por lo que no nos desesperamos por salir de la carpa. Después de un desayuno y una mini-gran siesta decidimos arrancar hacia el primer deporte extremo que haríamos en Baños: Puenting. Es igual al bungee jumping, con la única diferencia de que estas atado a la cadera y no a los pies.

Llegamos al puente donde nos íbamos a tirar y nos encontramos con una misionera que no se había animado y una cronista ecuatoriana que, con micrófono en mano, se mostraba muerta de miedo a punto de saltar. Yo ya estaba decidido a hacerlo pero Caro todavía no lo estaba. El ver que la gonca de la periodista pudo hacerlo la decidió a animarse. Primero me tocaba a mí.

¿Cómo explicar esa sensación de adrenalina? No creo que sea posible. Solo el que vivió situaciones así puede entenderlo. Muchos dirán que es sufrir al pedo pero para mí, como para muchos, es un momento único de disfrutar que el corazón se acelere y que te tiemble todo el cuerpo.

Miré para abajo, contaron hasta tres y me tiré como si fuese a una pileta. Ese segundo en el que te tirás, ves el suelo y sentís que nada te sostiene es indescriptible. Mientras lo escribo vuelvo a acordarme del momento y se me vuelve a acelerar el cuore. Le tocaba el turno a Caro.

Como a lo largo de este viaje,  Carola me viene sorprendiendo y, pese a que siempre se tira a menos o se echa para atrás, termina haciendo cosas como estas. Se tiró hecha bolita, cerró los ojos y gritó después de que había rebotado pero lo hizo. Siempre termina haciendo lo que dice que no va a poder hacer.

Pasado el momento de adrenalina fuimos a caminar hasta un cráter donde, con pocas nubes, se podía ver de manera clara el volcán Tungurahua (activo desde 1999). Como vienen siendo todos los días por acá, las nubes bajas no nos dejaron ver nada pero nos dimos el gusto de caminar más de 2 horas con subidas y bajadas rodeadas de perros, vacas y un paisaje único.

Volvimos ya cansados y con la cuota de “energías gastadas” completa. Nos juntamos con Kike a charlar, fuimos a comer y acá estamos ahora con Carola adentro de la carpa. Ella durmiendo como una campeona y yo sin sueño, todavía acelerado, escribiendo y poniéndonos al día con nuestro querido blog. Se empieza a extrañar mucho capital, no por la ciudad si no por su gente, Boca y el fútbol pero nos queda mitad del viaje, más deportes, paisajes, gente, costumbres y otras yerbas. Hacia allá vamos. Al menos por acá, acompáñennos. Salutes.

T.

Deja una respuesta