El sábado por la noche nos despedimos de la Flia Zuñiga, honestamente no queríamos, pero nos habíamos comprometido a alojarnos unos días con unos amigos de los tíos hippies de Tiny y ya lo veníamos pateando demasiado. 

Antes de dejarnos en su casa, fuimos con toda la familia de Erick al Panecillo, justo donde se ubica la famosa virgen que divide el norte y el sur de Quito. Era de noche y la vista increíble. Nos contaron que durante mucho tiempo una mujer “La Mama Lucha” era dueña de absolutamente toda esa zona, vinculada a una gran mafia y que ningún político jamás se dignó a sacarla hasta que llegó este gobierno. Desde allí nos llevaron hasta la casa de Gladys y Vicente, en la otra punta de la ciudad, dentro de un barrio privado, otra cosa. 

Juro que no puedo describirles la tristeza mutua de la despedida y la madre de Erick diciéndoles a nuestros nuevos anfitriones que por favor nos cuiden, que nos iban a extrañar y demás. 

Lo primero que hizo Gladys después de saludarnos fue pasarnos factura por la cantidad de veces que le dijimos que íbamos y después cambiábamos de planes. Le explicamos que no era tan fácil sin el celular y nos tiramos en una habitación a mirar fotos de los tíos de Tiny junto a ellos mientras nos contaban anécdotas e historias de su amistad. Y así pasó la noche. 

El domingo amanecimos con un desayuno abundante y charlando de política. Había llegado el día de las elecciones por los alcaldes y prefectos y tanto Gladys como Vicente eran fanáticos de Correa a un nivel superlativo. Ellos se fueron a votar y nos quedamos con su nieto Gaspar, un peque de 5 años super inquieto.

A la vuelta, fuimos a un centro comercial cercano donde uno de sus hijos bailaba tango junto a su mujer. Conocimos al resto de la familia y volvimos a su casa para almorzar carne asada, papas, ensaladas, bananas fritas, y una variedad de salsas que nos tenían locos. #gorditos

Por suuuerte enganchamos a Boca en la tele y mientras en la casa había ánimos de preocupación porque Rodas (opositor) había ganado la alcaldía en Quito, nosotros irradiábamos felicidad tras el (por fin) triunfo de Boca. 

Seguimos extrañando a los Zuñiga así que ya decidimos: mañana vamos a verlos y a pasar un día más con ellos. Y el martes prometemos nos vamos de la bella Quito.

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