Con Caro sabíamos que ese momento iba a llegar. Siempre llega. Aunque uno no quiera, aunque intente evitarlo, llega. Y no es que no lo hayamos vivido ya, al contrario, ya tuvimos muchos momentos así. ¿Cómo cuesta despedirse no?

Y no hablo de una despedida de un amigo que ves al otro día, o de un familiar que solo ves en las fiestas. Hablo de gente que hace menos de una semana ni sabias de su existencia pero que, en poco tiempo, te hace sentir que la conoces de toda la vida y, como en esta ocasión, sentís que son familia.

Así nos despedimos hoy de la Flia. Zuñiga. Compuesta por 4 personas, dos perros y un gato juguetón. En apenas 5 días, se ganaron y creo yo, nos ganamos su cariño.  Nos llevaron a conocer el famoso Panecillo y nos trajeron a lo que será nuestro nuevo hogar por estos días.

Carola siempre me dijo que le costaba despegarse de la gente que conoce en poco tiempo y se le toma afecto. Hoy entiendo ese sentimiento. 

No nos conocían, ni sabían quiénes eramos y nos abrieron las puertas de su casa, nos hicieron sentir por un rato como en nuestro propio hogar. Nunca me imaginé vivir este tipo de experiencias en un viaje y, si las pensé, no las creía posibles. Dos extraños eramos, al menos eso pensábamos nosotros. Pero no.

Las gracias no son suficientes creo yo. Por eso necesitaba escribir nuestro día 19 de esta manera. Dedicada pura y exclusivamente a esta familia del sur de Quito que nos trató como miembros de ella. Nos vamos a volver a ver, serán nuestros invitados en Argentina y los llevaremos a La Bombonera. Mientras tanto van a estar en nuestro corazón y recuerdo en lo que resta de nuestro viaje.

 No sé que pasará más adelante pero agradezco que pasen cosas como estas. Todavía falta mucho, pero ya hoy afirmo con vivencias como estas que fue la mejor decisión de mi vida hacer este viaje.

Deja una respuesta