Llegamos a Quito después de un largo viaje en bus. Llamamos por teléfono a nuestro Couch (Erick) que nos indicó que nos tomemos el “Trolebus” que él nos esperaría al bajarnos. Así fue, de entrada nos dimos un afectuoso abrazo que ya nos reflejaba que el pibe era un copado. 

Camino a su casa, al sur de la ciudad, nos contó que era Guía de turismo y que estaba dispuesto a acompañarnos a recorrer lo que querramos. Bingo.

Para seguir con las buenas, apenas llegamos a su casa que es preciosa y enorme, nos llevó hacia nuestro cuarto que en verdad es un departamento aparte. Tenemos dos cuartos (por si alguna noche nos peleamos y hay que dormir separados ¿?), cocinita, living, todo. No lo podíamos creer, estábamos mejor que en un hostel y sin poner un peso. 

Al mediodía nos fuimos a recorrer junto a Erick el Centro Histórico, visitamos iglesias con miradores increíbles y ya que estábamos, nos mandamos un tour por la Casa de Gobierno. Sorprendentemente, la visita era gratuita y nuestro guía bastante mocho. Éramos un grupo que incluía 4 europeos, 2 sordomudos y a nosotros tres; el guía sólo hablaba español así que nuestro amigo se tuvo que dedicar a traducirle al menos a los europeos y agregarles datos adicionales con más información de la que nos daban. La visita en sí no fue la gran cosa, vimos los regalitos que se hacen entre presidentes, donde hacen las reuniones de gabinete, los almuerzos y la puerta de la oficina de Correa.

Después de un rato regresamos a la casa donde nos esperaban con un riquísimo almuerzo que incluía carne, arroz, papa y huevo frito. A la tarde se empezó a poner feo el clima así que optamos junto a la hermana de Erick, Cris, tirarnos en el living a ver una película (Gravedad, bastaaante mala) y tomar tereré

A la noche llegaron sus viejos que nos tratan increíblemente bien, hablamos de todo un poco y nos fuimos al sobre. Nos esperaba al otro día la primera experiencia contra la altura: subir la montaña El Ruco, a 4600 metros sobre el nivel del mar.

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