Cuando me despierto de la siesta escucho a Caro charlar con alguien. Pensé que me hablaba a mi hasta que escuché otras voces. Eran vecinos del hostel, dos chicos y un adolescente que estaban trepados a un árbol. Yo seguía tirado hasta que Carola em trajo una fruta para probar. Se llama Guayaba y tiene un gusto dulce, muy, no se parece a ninguna otra fruta. Eso hizo que me levante y cuando me asomé al balcón ahí esaban, tirándoles frutas a Caro para que pruebe. Ahí es cuando nos hacen probar otra: la “fruta china”, de color verde y forma rara con un gusto similar a la manzana. Se nos ocurrió devolver gentilezas y hacerles probar el tereré. Ellos habían escuchado nombrar el mate pero jamás el tereré. Como estaban lejos nos invitaron a su casa para que le llevemos. Al bajar a la cocina para prepararlo me cruzo con Narcisa, la cocinera del hostel (gran desayuno!) que tampoco lo había probado. Lo tomó, le gustó el sabor, no sin antes dudar, lo cual es muy común en los ecuatorianos más por timidez y respeto que por otra cosa. Después del primer ecuatoriano gustoso con el tereré fuimos a la casa de los vecinos. 

Nueve gallinas y un gallo corrían por el patio a la par de un enne y una nena de no más de 3 años. Además estaban los tres chicos pasadores de fruta que les encantó el tereré pero sobre todo a uno de ellos que era el más confianzudo. 

Mientras Caro jugaba y se sacaba fotos con Sofi (nena inquieta y siempre sonriente) y el “Popa” (un nene en calzones con una porra estilo Valderrama que se enamoró del tereré y de la cámara), yo charlaba con el mayor de los chicos. 

En un momento se asomó una chica que no parecía de buen humor ni cómoda con nuestra presencia, pero al ver el cariño de los chiquitos con Carola aceptó probar también la ya famosa infusión. 

Cuando nos íbamos, la chicanos preguntó si íbamos a volver. De la desconfianza a eso. Objetivo cumplido. El que quiera probar tereré por Sudamérica que nos pegue un chiflido. 

A la noche volvimos al hostel, usamos un rato la netbook para averiguar cosas y después de que parar la lluvia nos fuimos a comer por la playa. 

Por 9.75 comimos unos camarones apanados (que viene con arroz, lentejas y patacones), una porción aparte de patacones y una coca chica de vidrio. Después nos dimos el gusto de tomar algo en la playa aunque lo caro que estaban los tragos hizo que tomemos una birra (a 3 dólares una botella mediana). Caminata nocturna por la playa, fotos fuera de foco y mucha paz.

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