3 de enero de 2014

Nos levantamos bien temprano para ir al Cabo. Mati no pudo dormir en toda la noche por la asfixia que le generaba el encierro de la carpa, yo me despertaba cuando él entraba y salía pero admito que dormí bastante bien.

Hasta el Cabo le metimos menos de una hora y el camino no era tan pesado como el anterior. Cuando llegamos nos dicen que la disponibilidad recién la van a saber a las dos de la tarde, tanto apuro al pedo… ble. Nos fuimos a aprovechar todo el día de playa. Acá la cosa es diferente. Las playas son mucho más amplias, el mar es divino aunque con bastantes olas para que Sandri le tenga miedo (?) y el paisaje increíble. Ludy enganchó a dos tomando tereré y al toque nos colgamos todos charlando. Eran dos de Santa Fé y hacía 6 meses que estaban en Colombia laburando para Uribe (un arquitecto muy reconocido de acá, aaaalgo aprendí después de dos años en Arqa) y ahora estaban de vacaciones. Estuvimos todo el día hablando con ellos, particularmente de fútbol con uno que era fanático de Colón y enfermo de Riquelme.

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Finalmente pudimos conseguir las hamacas para dormir a la noche así que nos quedamos relajadísimos mientras bajaba el sol. A todo esto, nos cruzamos con los colombianos de Taganga mil veces y cabe reconocer que fuimos bastante soretes y no les dimos ni cinco de pelota pero eran bastante gomosos. Nos justifico.

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Ya a la nochecita yo me puse a hablar con unos chilenos. Admití mi problema personal con Chile así que me animé a sacarme un poco el prejuicio y pegamos buena onda. Después comimos las latas que nos quedaron y por suerte en este camping no apagaban todo temprano, así que nos quedamos en el comedor tomando birra muy tranquis. Lo que sigue merece una entrada aparte.

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