Cuando me desperté en Manizales con tanto comentario del cepo no entendí nada. Intenté leer un par de diarios pero que se me nubla la lectura cuando se trata de economía.

Una vez que llegué a Santa Rosa hablé con mi amiga contadora Any que en pocas palabras me sintetizó lo sucedido. “Ojo con la tarjeta, acordate que te cotizan el dolar el día del cierre”, fue uno de sus consejos. Adivinen cuando cerró mi tarjeta? Sí, ayer, con el dolar turista por las nubes.

Una persona normal tendría bronca, putearía al gobierno o patearía  una silla (?). Caro se larga a llorar. Es mi manera de canalizar la ira pero para ser más genial me enojo conmigo. Agarré a Tiny por cel y arranqué: “Soy una pelotuda. Me la pasé tarjetando para no usar los dólares y ahora tengo que pagar bocha. Me quiero administrar mejor y soy pésima. Le viví prestando la tarjeta a todos porque creí que convenía y mirame ahora. Esa guita la necesitaba para cuando vuelva y no tenga laburo” y así.

Recibí uno de esos buenos cachetazos mentales a distancia para poner freno a mi mambo, entender que yo no tengo la culpa de nada y darme cuenta que estaba llorando por guita, nada más espantoso que eso. Por otro lado tengo que olvidarme de “la vuelta” sabiendo que los planes a futuro con o sin plata van a ser perfectos igual.

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