Caímos a Alexandra un domingo, y el lunes, debíamos comenzar en la famosa orchard de las Cherries donde nos topamos con los pelones (lo cual contó Tin en este post: https://oportunidadoportuna.com/vinimos-por-las-cherries-y-nos-encontramos-con-los/)

Nos habían pasado el contacto de una tal Glennys que al mensajearla nos avisó que tenía una habitación libre y que en la casa hasta el momento había tres chilenos. Como somos unos porfiados de mierda y hasta el momento nunca habíamos compartido hogar con otros viajeros, al llegar temprano al pueblo decidimos pasear a pispear la casa. “Debe ser ahí donde están todos los autos” + “Uh que paja, bueno amor si no estamos cómodos nos vamos a otro lado” + “Vayamos a averiguar a un camping por las dudas”. Así fue que visitamos el Holiday Park de la zona y el precio era un disparate. Resignados volvimos a la casa.

De entrada Glennys nos saludó y nos consultó si ya habíamos pasado antes (le dijimos que sí pero que era muy temprano); acto seguido nos mostró la casa con sus grandes ambientes, pileta y jardín (sumamente desordenado) y nos presentó a los chilenos. Jorge, Coni -su novia- y Javier todos treinteañeros que al instante se pusieron a charlotear con nosotros super buena onda y que casualmente se encontraban trabajando en la misma Orchard donde empezaríamos nosotros. Unos minutos de charla nos alcanzó para confirmarle a Glennys que nos quedaríamos a vivir acá.


Nota aparte: una de las cosas que más feliz me hace al viajar es poder sacarme de encima tantos prejuicios que uno arrastra de chico sin razones suficientes. Bienvenido sea el sentirse una pelotuda por tanto tiempo perdido en darse cuenta.


Así fue que comenzamos a ir todos juntos al trabajo, a insultar en conjunto a nuestra jefa, a conocernos y debatir sobre fútbol, política y viajes. A la semana y pico se sumaron Caro (otra chilena amiga de Javi) y Ale (un argentino que había trabajado con Jorge hace unos meses). La convivencia: genial.

Hablemos de Glennys. Es una mujer divorciada y tendrá unos cuarenta y tantos. Trabaja en una empresa de seguridad y otros días en una estación de servicio. Hace años recibe backpackers en su casa y un verano llegó a meter 15 pibes. Se ríe gracioso, habla un inglés rarísimo y todos los días trae algo nuevo para poner en la casa (luces de navidad, adornos, etc). Por sobre todas las cosas, es una loca linda.

Nuestra vida en Alexandra parte II acá

Cómo fue nuestra estadía en esta maravillosa casa, así:

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