Acá les va un salteadito de información para no quedarnos atrasados

 

Minicrisis carolística

Todo era color de rosas. Trabajaba unas 6 horas por día, con un buen sueldo, y me sobraba tiempo para salir a caminar, a andar en bici entre las montañas, para la clase de yoga, para estudiar inglés y para los jueves de futbol mixto y cervezas con amigos en Queenstown. Con el paso de las semanas me fui dando cuenta que mi jefa intentaba cumplirme esas horas pero no lo lograba, es por eso que decidí buscarme otro trabajito de pocas horas para complementar. Empecé a hacer unas horitas en un motel de la zona, hasta que mi jefa me confirmó que al ser temporada baja ya no tiene tantas horas para darme y que me convendría buscarme alguna otra cosa para complementar con sus horas, porque realmente van a ser pocas. En mi cabeza esto fue equivalente a una crisis. Puede sonar exagerado pero creo que el punto acá fue el hecho de que estaba demasiado bien con todo, y cuando se me corrió una pieza… boom. Por lo pronto el plan está en conseguirme algunas changuitas en Arrowtown, y si no consigo las horas que necesito me buscaré algo full time en las zonas aledañas. Al parecer también existe la “sub” zona de confort, acá está.

 

Home sweet home

Ante la advertencia de todo el mundo acerca de lo frío que se pone el invierno acá, intensificamos la búsqueda de casa. Después de pascuas, la zona de vacía hasta junio aproximadamente que es cuando empieza la temporada de ski, por ende, la posibilidad de encontrar una casa se volvió factible. A través de un aviso en el diario de la zona, contactamos con un coreano que se hace llamar “Clyde” porque su nombre es difícil y que ofrecía una habitación dentro del precio que queríamos pagar.

Cuando caímos a conocer la casa nos quedamos embobados. De por sí la casa es enorme, super amplia y luminosa, pero nuestro cuarto nos partió la cabeza. Enorme, vidriado, como con una mesada con bacha, puffs y mesita para el mate y una vista alucinante. Ni dudamos, pero acá lo gracioso es que la gente que vive en la casa tiene que avisarte si sos “aceptado” o no. Y lo fuimos. Compartimos nuestro hogar con Clyde, su novia, y tres asiáticas más. A decir verdad nos cruzamos muy poco y todavía nos estamos acostumbrando al intenso olor de sus desayunos, algo que sabíamos que iba a pasar. Por otro lado devolvimos la amada Caravan que tanto disfrutamos, pero no saben cuanto necesitaba caminar en patas y sin frío hasta el baño antes de dormir 🙂

 

Decisiones

Estas semanas también estuvieron intensas en cuanto a pensamientos. Pese a que dejamos que todo fluya -porque este país nos vive cambiando los planes que hacemos- nos gusta plasmarnos algunas metas u objetivos a futuro. Así surgieron algunos interrogantes: ¿Queremos volver a Argentina? ¿Queremos vivir en Nueva Zelanda? ¿Cuándo queremos ir al Sudeste Asiático? ¿Extendemos la visa? ¿Tenemos la plata para hacer lo que queremos? ¿Vamos a visitar a Cheryl a la Isla Norte? etc.

Aparentemente muchas de éstas preguntas nos revoloteaban al mismo tiempo a los dos y todavía buscamos respuestas para algunas.

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