22 de enero

Después de un viaje intenso, en un camino a puras curvas, llegamos a Manizales. Primero dejamos las cosas en el Hostel en el que no hay casi nadie, vi un par de personas pero ni siquiera sé si realmente se alojan acá. Realmente es muy bonito, el cuarto re cómodo y todos los ambientes bien amplios. Mapita en mano, salimos a recorrer un poco la ciudad, aunque nuestro principal objetivo era cambiar dólares porque nos quedamos secos. Camino al Centro ya arrancaron los primeros chaparrones que fueron protagonistas toooda la tarde. Resumiendo… caminamos un poco bajo la lluvia, comimos algo, fuimos a la Universidad de Arte, pero esta es otra ciudad de subidas y bajadas potentes y Lu que no estaba en sus mejores días nos convenció de volver a nuestros pagos. Cerca del hostel está el fucking estadio del Caldas, más allá del odio de ese recuerdo, quería conocerlo, así que entramos, sacamos unas fotitos con mi sonrisa más falsa y nos fuimos. Por supuesto, para mi amigo gallina, este es el mejor lugar del mundo. No hace otra cosa que saludar a los que pasan con la casaca del Once y decirles: “Ellas son de Boca”. A lo que yo lo señalo y aclaro: “Él se fue a la B”.

Justo cuando se largó con todo llegamos al hostel para no hacer nada más. Los chicos se durmieron tempranísimo y yo me quedé parloteando por celular para extrañar(lo) menos.

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