El día de hoy fue activo. Carola se queja un poquito por el dolor de pies pero le copa que estemos caminando mucho. Entre tanta subida y bajada las piernas se endurecen.

Empezamos yendo a “Mt. Eden” lugar característico de Auckland por un cráter volcánico que, en su cima, permite ver toda la ciudad. Con unos ricos teres de por medio, descansamos y disfrutamos de la tranquilidad del lugar (¿Dónde no hay paz en Auckland?, nos preguntamos). Ah, además dejamos grabada la mancha que jamás va a borrar Riber.

Seguimos la caminata, esta vez solo en bajada, hacia una especie de Central Park neozelandés, el “Domain Park”. Lleno de canchas de rugby y fútbol (snif), lagos con patos y verde, mucho mucho verde. También ahí se encuentra el pitucón museo de guerra. Seguimos descansando (JA), relajados gracias al día que nos tocó (2 de 2 con sol en Auckland, ¿Increíble, no?).

Almorzamos y fuimos en busca de unas ricas birras para regalarle a nuestros queridos kiwis que nos hospedan y una tarjeta para llamar a la abu de Carola. Ya en el supermarket (uso mucho paréntesis y voy a empezar a usar mucho espanglish), nos tocó una cajera india particular. Primero nos pidió el pasaporte a los dos por las cervezas que compramos (a partir de los 18 se puede tomar alcohol acá). Cuando le pedimos una tarjeta para llamar a Argentina, nos miró con cara rara. Insistimos diciendo que era para Sudamérica a lo que ella contesto: “Oh, you say South Africa?”.

Por lo que notamos hasta el momento, mucha gente, sobre todo los indios, poco saben no solo de nuestro país sino que de nuestro continente. Es raro, pero teniendo en cuenta que varios amigos ni sabían donde quedaba Nueva Zelanda, no nos sorprende tanto.

Volvimos a la casa después de buscar a las hermosas hijas de Brendan y, al llegar, fuimos para la terraza a tomar teres y disfrutar del atardecer. Indescriptible, solo vean la imagen.

Estamos muy cómodos acá. La familia nos hace sentir como propios y eso para alguien que ni nos conoce es algo único. Igualmente nos vamos a ir en poco tiempo porque ellos tienen que seguir con su vida y sentimos que nos entrometemos mucho.

Si se da lo de mañana, creo que el rumbo ya va a estar marcado.

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