Día 3: “Ahí viene el soooool, tururutuuuu”

Amanecimos muy temprano, tanto que el sol empezaba a asomarse por detrás del mar y nos regaló un cuadrito perfecto! Por la noche habíamos sentido el mar al lado nuestro, sin embargo al levantarnos, otra vez la marea había bajado muchísimo. Esto obligó a que arrastremos el kayak bastantes metros una vez que levantamos campamento y continuamos para nuestro próximo destino: Onetahuti. Allí, debíamos abandonar nuestro medio de transporte para seguir el camino a pata. Para nuestra alegría (mía fundamentalmente), el sol había salido con todo y los paisajes que de por sí ya eran hermosos, ahora lo eran mil veces más.

Durante el camino, encaramos para la Tonga Island donde algunos amigos, nos habían contado que lobos marinos les habían nadado por al lado. Estábamos emocionadísimos por empezar a ver a estos muchachitos pero para nuestra decepción, solamente había lobitos bebes durmiendo entre las rocas de la isla y al parecer sus padres habían salido en busca de alimento un poco más lejos (teorías jaja). Eran tan lindos, que le dimos como 3 vueltas a la Isla para sacarles fotos y disfrutar de la claridad del mar que era una preciosura.

Después de un rato, nos fuimos a la playa, abandonamos nuestro Kayak y armamos nuestras mochilas para iniciar camino a nuestro campamento que quedaba en Awaroa. Antes, aprovechamos de un día genial tomando solcito y peleándonos con los abejorros (un atrevido me picó un pecho, después de eso empezamos a matarlos a ojotazos).

Mochilas listas, basura colgando (tenes que llevarla con vos a todos lados), iniciamos camino al camping de Awaroa. Nos habían dicho que era una hora y pico caminando pero fue bastante más, sin embargo el camino era hermoso! Entre la selva, con cuestas arriba un poco intensas pero que al final te regalaban unas vistas panorámicas desde las alturas iiiincreíbles. Tip: en una parte del camino hay un cartel con dos direcciones, una hacia el Lodge y otra al camping. Por el lodge también podes llegar al camping y el camino es más fácil, lo supimos el día siguiente claro.

Llegamos al camping que tenía enfrente rastros de un lago o una entrada de mar que se había secado y estaba repleta de cangrejos. Nos desconcertó un poco porque todos nos habían dicho que Awaroa era una de las playas mas lindas pero no lo parecía. El camping era sencillito y similar al de Anchorage. Antes de dormirnos evaluamos nuestro siguiente día, queríamos ir a visitar la siguiente playa para la cual teníamos un largo trecho pero terminamos eligiendo irnos para el lado del Lodge (que quedaba a unos 20 minutos) y disfrutar de esa playa aunque no sabíamos como sería. Por suerte elegimos bien.

Día 4: “Cambio de rumbo: la increíble playa de Awaroa”

Por un caminito sencillo (a lo sumo había que mojarse un poco las patitas, vayan en ojotas) fuimos hacia el famoso Lodge. Digo famoso porque ya sabíamos que era el único lugar en el Parque en el que había una cafetería, comida, cosas ricas, etc. A un nivel de exageración extremo, desde el día 1 nos imaginábamos ahí consumiendo algo, como un oasis en un desierto (?). Así fue. Llegamos, nos sentamos en una mesita y pedimos café, muffins, sándwich de salmón, etc. Después de días de latas nos lo merecíamos.

Cinco minutos más nos llevaron a la playa donde nos íbamos a quedar hasta que nos levantase el último aquataxi (reservarlo antes) de las 3 de la tarde. Cuando llegamos no podíamos creerlo: el paraíso mismo! Aprovechamos el día al máximo entre chapuzones, caminatas por la orilla y embadurnados de protector solar. Agus logró enganchar una mantaraya que enseguida se le escapó cuando vio la cámarita, una tipa
reservada que no quería farándula (?). Así fueron pasando las horas, entre mates y corridas al mar en una playa donde no había nadie! La mayoría de los backpackers siguen camino hacia la playa siguiente porque para llegar a ésta se tienen que desviar, es por eso que solamente había viejos que se hospedan en el lodge. Un placer.

Llegó el aquataxi y en media hora llegamos a Marahau, desde donde habíamos empezado nuestra travesía. Una combi nos llevó hasta el local del kayak, donde nos pudimos bañar con agua caliente y sentirnos como nuevos.

Así fue el Tasman, un lugar que nadie puede dejar de conocer si anda por este país. Selva, fauna marina, paisajes increíbles, aventura y playas de ensueño. Son casi 6 meses los que llevamos acá y Nueva Zelanda no deja de sorprendernos.

La parte 1 del Abel Tasman acá >>> https://oportunidadoportuna.com/la-aventura-del-abel-tasman-parte-1/

 

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