Una de las primeras cosas que nos recomendaron para hacer cuando llegamos a Nueva Zelanda fue el Abel Tasman, en la Isla Sur. Después de casi 6 meses acá, aprovechamos las vacaciones para planificar con unos amigos el viaje a este tan afamado lugar.

Para ponerlos en contexto, el Tasman es un parque nacional llamado así por un explorador holandés que llegó en 1642. Allí se pueden hacer recorridos de horas o días tanto por tierra, como agua y aire. Lo destacable de este lugar son tanto los caminos selváticos como sus playas paradisíacas de arena blanca y agua cristalina, y el hecho de que uno convive con la naturaleza bien de cerca ya que casi no hay electricidad ni gente. Todo este conjunto era suficiente atractivo para nosotros, necesitados sobre todo de un poco de playa y sol.

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Después de definir junto a Javi y Carito (nuestros dos amigos chilenos con los que hicimos la West Coast) la cantidad de días y la forma en que lo haríamos, decidimos contactar a una agencia de kayak (contratamos 3 días de Kayak por 145 dólares cada uno) la cual nos ofrecía dejar el auto en su local en Motueka (nos habían contado que en Kaiteriteri y otros estacionamientos al aire libre habían roto vidrios de autos para robarles) y darnos una ducha caliente al volver, algo que valoraríamos como oro.

Algo para aclarar y avisar es que, si pretenden quedarse a dormir en el parque, se deben reservar los lugares donde uno se piensa quedar ya sea con carpa (14 dólares por persona) o en los huts (32 dólares por persona). Se pueden reservar online o en los ISITE donde está el Departamento de conservación (http://www.doc.govt.nz/)  Sitio de reserva de camping.

Día 1: De Marahau a Anchorage, “¡Contra viento y marea!”

Salimos temprano de la base hacia Marahau, lugar desde donde empezaríamos nuestra travesía en kayak. Por delante teníamos un poco más de 12 kilómetros hasta Anchorage, el primer camping donde pasaríamos la noche. Caminando nos habían dicho que eran 4 horas por lo que, confiados, comenzamos a remar pensando que en poco tiempo ya estaríamos tirados en la playa relajados. No solo eso era un incentivo sino que en el medio había bahías con playas a las que solo se podía acceder por kayak, lo que las hacía solitarias y tranquilas.

Pasado un buen rato, seguíamos remando pero las bahías se veían lejanas. La marea y el viento nos dificultaban bastante la llegada y, sobre todo, Carola lo sufría.

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Después de parar para descansar y comer en Coquille Bay, decidimos seguir rumbo a Watering Cave, otra playa que nos habían recomendado y que nos serviría para aflojar un poco los brazos que ya a esa altura nos dolían más de lo pensado.

El viento y la marea no daban tregua pero Anchorage ya estaba cerca por lo que, luego de otro lindo descanso, pusimos nuestros últimos esfuerzos para rodear esa especie de península que sale antes de llegar al campamento. Junto con nuestra llegada saldría el sol, tan añorado y esperado por los cuatro.

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Anchorage es, quizás, uno de los campamentos más grandes y completos del parque: lugar para carpas, huts (especie de habitaciones sin nada más que luz), leña y lugar donde prender un fuego, baños, agua potable, ducha fría y lugar para cocinarte (eso sí, no hay hornallas ni nada parecido, vos tenés que llevar tu propia cocina portátil y olvidense de enchufes así que carguen bien las baterías de las cámaras). La bahía es amplia, tranquila y quizás una de las que más embarcaciones suele tener.

Ya con el kayak estacionado y nuestras cosas fuera de él, pudimos disfrutar de la playa, meternos por primera vez al mar y dormir una de las queribles siestas playeras. Estábamos muy cansados por lo que la jornada terminaría rápido para nosotros, a tal punto que nos iríamos a dormir a plena luz del día, agotados pero felices por llegar y haber superado las malas condiciones del mar.

Día 2: De Anchorage a Mosquito Bay, ¨Ni los bichos nos sacan tanta paz”

Nos despertamos con el ruido de los pájaros y de un pato inquieto que le pedía comida a Carito, la madrugadora del grupo

(nuestra amiga, no Carola, ella no madruga :p)

. Desayunamos, disfrutamos un poco más de la playa y nos subimos a los kayaks con rumbo a nuestro próximo destino. Vale aclarar que el recorrido en kayak es bordeando todas las bahías del Tasman pero, en algunas, podés meterte para adentro y andar entre árboles y rocas, como si estuvieses en un río.

Así fue como terminamos en Sandfly Bay (en honor a ese bichito molesto que, silencioso, te deja picaduras y ronchas a veces del tamaño de un abejorro), una bahía con un lindo camino que nos llevó a navegar por debajo de un puente donde pasaban las personas que recorrían el parque a pie.

Tras almorzar allí, con el mar y el viento más tranquilos, seguimos hacia Mosquito Bay, lugar donde acamparíamos al cual solo se puede acceder con el Kayak.

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El sol volvía a esconderse, lo que hacía que los paisajes se disfruten menos. Es por eso que la primera impresión que tuvimos al llegar a Mosquito fue la de algo común. Es más, al bajar e ir a instalar la carpa, tuvimos una dura bienvenida: miles de mosquitos, sandflys, abejas y abejorros nos esperaban para hacernos la estadía lo más ruidosa e incomoda posible.

El fastidio empezaba a rondar hasta que Carito aconsejó ir a poner nuestras carpas más cerca de la playa, ya que “a los mosquitos no les gusta la sal”. Y tenía razón. Eso más un poco de repelente para insectos cambiaron las cosas, hasta el clima.

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Ya instalados, con ambas carpas a centímetros de la arena, vimos como la marea empezaba a bajar. Eso dio paso a que, tanto la isla que se encuentra en frente del campamento como la playa contigua, sean accesibles para todos los que estábamos allí. El sol acompañaba dejando asomar tímidamente algunos rayos como si todo fuese una puesta de escena planeada para nosotros.

Fotos, bailes, saltos desincronizados y risas acompañaron al cierre del día junto a unos ricos tererés (la opción a la falta de unos mates calentitos). Nos fuimos a dormir cansados pero felices de esa paz y esa muestra de tanta vida que te da el Tasman a cada paso que das.

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Como si fuera poco, mientras nos dormíamos, la marea subía y con ella venía ese hermoso ruido de las olas rompiendo con la orilla, que para nosotros en ese momento era como la canción de cuna que le ponen al bebé para dormir tranquilo y feliz. Otro día vendría pero no había problema si, por un rato, el tiempo se detenía en ese instante de paz y tranquilidad.

Abel Tasman parte 2 acá >> https://oportunidadoportuna.com/la-aventura-del-abel-tasman-parte-2/

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Pilar

    Hola! Cómo estás?
    Estamos yendo con mi novio a NZ en unos días y queremos conocer este parque. Vamos a alquilar auto, también y queríamos ver el tema del kayak. Se puede alquilar por ej por un sólo día y luego hacer trekking? Donde se recogen y donde se devuelven? Si dejas el auto en Motueka como te trasladas hasta el parque?

    Por otra parte, nuestra idea es
    Dormir es hostels con los cual no llevamos carpa.
    Con esto deberíamos reservar los huts verdad? Y si llevar bolsa de dormir? Sabes si alquilan allá??
    Muchas gracias!!!

    1. Agus y Caro

      Hola Pilar! Gracias por el mensaje 🙂
      Contestamos por partes:

      – El auto lo dejamos en Motueka y la agencia de kayak nos dejó dejarlo en su local y te incluye el traslado hasta donde se sale con los kayaks
      – Se puede alquilar por un día y dejar en varias secciones del parque el kayak (no hace falta volver al lugar desde donde saliste). Nosotros lo dejamos en Onetahuti y de ahí hicimos trekking hasta el campamento.
      – Y si no quieren ir en carpa si o si tienen que reservar huts. Son como casas sin nada más que un techo así que si, necesitan bolsas de dormir. No recordamos ver que alquilen bolsas de dormir pero podes comprar muy pero muy baratas en algunos salvation armys.

      Cualquier otra duda avísanos. Saludos!!

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