Después de terminar con las cherries, creímos que eras necesarias unas vacaciones y como excusa recorrer un poco más de la Isla Sur.
Eso sí, yo tenía una condición: que haya playa. Agus sabía que necesitaba del mar más que respirar (exageración mode on) así que planificamos nuestro viajecito con nuestros amigos chilenos Javi y Carito hacia la West Coast y el Parque Nacional Abel Tasman.

Día 1:

Arrancamos el día con bastantes nubes amenazantes y un mal tiempo que molestaba cada tanto por la ruta. Nuestro primer destino era Fox
Glacier
, una ciudad reconocida por su glaciar con el mismo nombre. Antes de esto, aprovechamos para visitar las “Blue Pools”, muy cerquita de Wanaka. Como el día estaba nublado las vimos “green” sin embargo, se nota que es un lugar precioso por donde se pueden hacer diferentes caminatas de distinta duración a través de bosques y “piscinas naturales” de color azul turquesa, en la confluencia del río Azul y el río Makarora.

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A la tardecita caímos a Fox y como llovía bastante no teníamos más ganas de dar vueltas y optamos por un hostel donde disfrutamos de unas birritas y un spa para dar comienzo verdaderamente a las vacaciones. Con los ojos puestos en el Metservice, rogamos que mejore el clima y nos preparamos para al otro día ir a visitar el famoso glaciar.

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Día 2:

Tempranito salimos para visitar el Fox Glacier. Para darle el único crédito a este lugar hay que decir que nos pareció interesante el meternos por una especie de selva hasta llegar al camino que nos llevaba al Glaciar. Una mezcla de climas y vegetación extraña. Desde donde se deja el auto se calcula una hora (entre que pin que pan) hacia el avistamiento, y se recomienda ir temprano porque después del mediodía sube el río y es muy difícil cruzarlo. El camino es tranquilo, rodeado de montañas donde se pueden ver cascadas y ríos de deshielo, y recién hay una subida importante en el tramo final. Llegamos finalmente y fue un MEEEEHH gigante. Se veía un poco de hielo a
la distancia (ver foto abajo) pero nada del otro mundo. Estaremos mal acostumbrados a ver las fotos del Glaciar Perito Moreno, no sé. De todos modos, i andan por acá y tienen la plata para hacer el tour que los lleva por encima del Glaciar suponemos que vale más la pena ya que pueden ir más adentro. Nosotros, desde la caminata gratuita, no lo recomendamos tanto.

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Después de esto preferimos no pasar por Franz Joseph, el otro glaciar que queda a una hora aproximadamente de la ciudad, y antes de seguir camino aprovechamos para visitar el Lago Matheson, un lago que nos habían recomendado por lo espejado que era y acá encontramos la explicación: “Las aguas del lago Matheson son marrón oscuro, por lo que crean la superficie reflectora ideal en un día tranquilo. El color se debe a la filtración natural de la materia orgánica del suelo circundante del bosque nativo. Por una feliz coincidencia, las montañas del este están en la posición perfecta para reflejarse en el lago”.

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El sol empezó a asomar para felicidad de todos y nos acompañó camino a Punakaiki. Un lugar que nos fascinó y al que nos hubiese gustado dedicarle más tiempo. El mar a la izquierda, rocas enormes y montañas repletas de verde y palmeras. ¿Cómo no voy a ser feliz?. Nos fuimos a la principal atracción del lugar, las llamadas “Pancake Rocks”. Tal como lo indica el nombre, el atractivo es que supueeeestamente estas rocas tienen forma de panqueques. Esto, se debe a que la actividad sísmica levantó el suelo del océano, y la lluvia y el viento se encargaron de erosionar la “arenisca”. “El resultado son acantilados y quebradas con cientos de cortes horizontales en sus superficies verticales, que les dan la apariencia de inmensas pilas de panqueques” dice la info del lugar aunque podemos discutir cómo es un panqueque.

Apurados por tener que llegar a Motueka (donde teníamos rentado para el otro día temprano el kayak para ir al Abel Tasman) le metimos a fondo las horas de camino que quedaban, prometiéndonos la próxima dedicarle más tiempo a este hermoso lugar!

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Finalmente llegamos a Motueka como a las 11 de la noche: aplausos para Agus que se manejó tooooodo (acompañado por pequeñas dosis de coca cola y gomitas jaja). Por suerte conseguimos un camping y entre los preparativos y demás, nos acostamos tardísimo. Se venía el Abel Tasman, cuatros días y tres noches en un Parque Nacional sin tecnología, sin duchas, con nuestras mochilotas, carpa y bolsas de dormir. Confieso: ¡Cómo extrañaba eso! Y sí que valió la pena. Se los cuento en el próximo post =)

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