Empezamos con esta sección porque nos dimos cuenta que, de lo que más que venimos charlando con los amigos y conocidos que cruzamos, es de “¿cómo es hacer Couchsurfing?” y que de inmediato viene la pregunta “¿Alguna historia para contar?”. Y caímos en la cuenta que tenemos miles de historias en torno a Couchsurfing. Algo ya habíamos contado en esta nota sobre Couchsurfing allá por el 2014 pero son tantas las anécdotas que no entrarían en una sola entrada. Así que de ahora en más vamos a darle forma a esto que se va a llamar: Historias de Couchsurfing.

La mejor forma de empezar esta idea es con nuestra primera experiencia, nuestro debut en este mundo de Couchsurfing, y ahí es donde aparece un lugar y una persona: Manta, Ecuador, y Kari.

Kari, nuestra primera couch en Manta, Ecuador.

En nuestro primer viaje y destino juntos, a los dos nos intrigaba un poco esa página que varios viajeros que habíamos leído ya habían usado y hablaban maravillas.

Iba a ser nuestra primera vez. No teníamos referencias en nuestro perfil y eso nos generaba un poco de miedo de que nadie nos acepte hasta que vimos una solicitud aprobada. Una chica guayaquileña que se encontraba viviendo en Manta llamada Karina se ofrecía a hospedarnos y nos esperaba en su casa a la tarde noche.

Llegamos a Manta y, con más dudas que otra cosa, fuimos a buscar un lugar con wifi para poder contactarnos con ella ya que no encontrábamos su casa (algo que con Couchsurfing, Airbnb o lo que sea, hasta el día de hoy nos pasa y nos seguirá pasando). Era bien de noche y, al no saber si realmente existía esta persona, teníamos más miedo de quedarnos trasnochando en el Subway buscando alojamiento que otra cosa.

Después de finalmente comunicarnos con ella, Karina apareció a nuestro rescate y nos guió hasta su casa. Al llegar, las dudas seguían: ¿realmente esta chica va a dejarnos dormir en su casa de manera gratuita? Hoy nos acordamos de eso y nos reímos, pero es algo normal pensar cualquier otra cosa, sobre todo para nosotros, porteños bichos de ciudad criados a desconfiar hasta de nuestra propia sombra.

Después de la primera charla, contando nuestro viaje y preguntando un poco acerca de su vida, caímos los tres en la cuenta de que nos habíamos malinterpretado con los días. Ella tenía que partir hacia Guayaquil el fin de semana a visitar a su familia y nuestro plan era justamente quedarnos.

“Chicos les dejo la llave, yo vuelvo el domingo”, nos dijo y se fue con su valija. De repente nos encontrábamos solos en la casa de una chica que conocíamos hacía menos de un día. “Algo debe estar mal, algo raro hay atrás de esto”, pensábamos.

Pero no, no había nada más que confianza en gente que utilizaba Couchsurfing como ella, para ahorrar algo de dinero, claro, pero también para conocer gente local de cada ciudad y poder intercambiar costumbres, historias y demás.

Kari nos hizo probar las famosas Salchipapas y es la culpable de nuestra adicción y enamoramiento a una comida tan rica como simple y barata. A cambio, nosotros le hicimos probar por primera vez el tereré (como el mate pero frío y con jugo). Hablamos de política, historia, viajes y demás.

Nuestra incredulidad y felicidad con nuestra primera experiencia utilizando Couchsurfing fue increíble. Tanto que, cuatro años después, la seguimos usando, recomendando y contando nuestras historias a cada persona que conocemos. Así que, si lees esto y te vas de viaje te decimos: animate y dale una oportunidad a una experiencia única.

 

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