Lima

Después de una noche de alcohol, de las pocas en nuestro viaje, Carola y yo estábamos muy cansados y solo había un bus a las 7:30 AM rumbo a Nazca, el destino que nos esperaba.  Como lo esperan, no nos levantamos, dormimos hasta las 8:30 y recién ahí nos pusimos las pilas para conseguir pasaje. Al parecer fue mucho lo que tomamos debido a que nos enteramos que durante la noche hubo un temblor que se sintió en todo Lima.

Por desgracia los únicos buses disponibles eran muy caros (¿Ya hablamos de lo costoso que es viajar por Perú?) así que decidimos cambiar nuestros planes nuevamente: próxima estación, Arequipa.

El micro salía 18:30 por lo que nuestro couch Marvin nos ofreció ir a la playa y luego a conocer Barranco, una parte de Lima al lado de la costa que tiene un sector turístico para recorrer y un puente llamado “Puente de los suspiros”. Esta fue nuestra despedida del océano pacífico y no pudo ser mejor ya que el sol se veía claro al bajar por el horizonte en el medio del mar.

Este último recorrido por Lima nos tomó más de la cuenta por lo que llegamos con lo justo al bus que nos llevaría a Arequipa. Sobre este transporte tengo que decir que fue, por lejos, el mejor que nos tocó (Empresa Oltursa). No solo tenía asientos bien separados de los de adelante si no que te daban: almohada, frazada, cena y desayuno. Caro, si, pero por las prestaciones este sí que valió la pena.

Arequipa

Después de un viaje de 16 horas con películas de todos los géneros arribamos a nuestro siguiente destino con un problemita: no sabíamos ni qué hacer, ni dónde hospedarnos ni cuantos días quedarnos.  No está nada mal andar a la deriva cada tanto por lo que no nos preocupamos mucho y, tras un breve debate, decidimos que lo mejor sería recorrer en el día la ciudad y a la noche marchar hacia el tan ansiado Cusco.

Pagamos unos soles para que nos cuiden las mochilas viajeras y arrancamos en una combi que acá se utiliza como el transporte más económico en la que tuve que viajar parado y encorvado por lo pequeña que era.

Llegamos a la plaza de armas y nos enteramos que, al ser domingo, casi el 90 % de las atracciones turísticas estaban cerradas. Lejos de ponernos como locos decidimos al menos sacar fotos desde afuera a la Catedral, la plaza y algunas cosas peculiares de la zona y marchamos a comer algo. Creo que sin lugar a dudas fue el lugar en el que más gastamos dinero en comida y nada de nada en cosas turísticas. 

Comimos, tomamos helado y probamos el famoso “Queso Helado” (sabor a arroz con leche con canela), nos fuimos a tomar un café a Mc Donalds para robarle Wifi, escuchamos por radio el amargo empate entre Boca y Argentinos y nos despedimos del centro.  Y ahora acá estamos, en la terminal de Arequipa como hace solo 7 horas, esperando por tomarnos el bus hacia Cusco y despidiendo una ciudad que no le vamos a poder contar mucho de sus atractivos turísticos o de sus paisajes ya que, por desgracia, no los conocimos. Pero la recomendamos eh (?).

T.

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