Después de muuuchas horas de sueño amanecimos con el plan de ir a conocer la famosa “Mitad del mundo”. Como nos habían explicado, hay dos. Una donde está el Museo Etnográfico Mitad del Mundo con el famoso monumento que marca los cuatro puntos cardinales y donde todos se sacan la típica fotito en la línea (nosotros también claro). El tema fue que con el avance de la tecnología y según el GPS, la verdadera mitad del mundo está a unos 200 metros, donde se encuentra el Museo Solar Intiñan. Por las dudas, fuimos a ambos. 

Erick nos llevó a la parada del bus que quedaba bastante alejada de la casa. Cuando subimos Tiny me pisó la ojota, que rodó hasta la calle cuando el bondi aceleró y cerró la puerta. Por suerte una señora la agarró, el colectivero frenó con mucha cara de orto y recuperé el calzado (??). Después de un viaje largo, llegamos.

El Museo Mitad del Mundo cuesta 3 dólares pero es importante tener en cuenta que algunos de los museos que tiene dentro se pagan aparte. De más está decir que a esos no entramos. Sacamos las fotitos correspondientes, recorrimos un poco el parque, nos cruzamos con un par de llamas que se comían el pasto del parque y supimos que habíamos pagado por algo que no podíamos dejar de hacer pero tampoco nos iba a cautivar del todo. 

A la salida pasamos a almorzar el Subway del día, lo destaco para poder decir que Tiny levantó una bandeja y el papel que estaba encima lleno de migas voló hacia la cabeza de un rasta provocando que todos sus amigos se caguen de risa, menos el rasta. Miré para abajo para no estallarme de risa en su cara y Tiny se limitó a pedir perdón.

Después de un rico sanguchin encaramos para la otra mitad del mundo que quedaba ahí nomás. Entramos para averiguar el precio, un cartel decía que costaba unos 4 dólares pero no había nadie en la boletería y nos mandamos. Vimos la otra línea y como no estábamos del todo seguros si nos habíamos colado o no, sacamos la fotito rápido y huímos al son de nuestra frase de cabecera del viaje: “We are us”. 

Nos subimos a un bus creyendo que nos dejaría en el mismo lugar donde nos lo habíamos tomado pero no, tuvimos que hacer combinación. Muy tranquilos, sabíamos que en algún momento íbamos a ver algo conocido en la ciudad y ahí podríamos bajarnos para llamar a Erick que nos busque. Así fue. 

A la noche planeamos ver el partido de Boca pero (ahora lo agradezco) no lo pasaban por ningún lado. Compramos unas birras y Cris, la hermana de Erick hizo pochoclos. Nos tiramos los cuatro en el living a jugar un juego que mezclaba el pictionary, el dígalo con mímica, etc, era muuuy bueno. Nos cagamos de risa un buen rato y después de un poco de tele, palmamos. 

Nota personal: es terrible sentirse tan cómoda en un lugar y saber que pronto hay que irse y seguir. Me está pasando y ya me empiezo a lamentar.

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