Se me jue Ludy ayer, hoy se me jue Mati y me quedé solita acá en Cali. Es inevitable sacar conclusiones, hacer un resumen mental de lo vivido todo este mes, recordar anécdotas, momentos buenos y malos, personas que pasaron por nuestro viaje y a los que ya le perdimos la huella, y otros que seguirán estando siempre.

Hermoso país y no solamente por sus increíbles paisajes, porque entre montañas, playas y ciudades te quedas deslumbrado -ya lo habrán visto en fotos-. Hablemos de su gente, con su amabilidad, su bondad, sus ganas de darte una respuesta aunque no la sepan, su esperanza para salir adelante, su interés por escuchar sobre el país de uno, su hospitalidad y su cariño.

Y aunque coman todo frito me llevaría un container de patacones, otro tanto de pan de queso y el ceviche de camarones para empacharme. Y habrá que extrañar que me digan “A la orden” para ofrecerme algo, “Con gusto” después de mi “Gracias” y “Qué pena” si no tienen lo que busco.

Y por supuesto de Cali me llevo la mejor calidez humana que un viajero puede recibir. Andrés y su familia hicieron lugar hasta donde no tenían para que podamos dormir en su casa, nos cocinaron para que podamos probar platos típicos, nos acompañaron a buscar rumba en un taxi por la ciudad, nos llevaron a conocer lugares de Cali regalándonos su tiempo y dedicación.

Mañana probablemente cuando llegue el momento de despedirse voy a lagrimear como buena maricona que soy, llevándome un poco de cada uno de ellos y por sobre todas las cosas ansiando volver a verlo a Andrés en algún lugar del mundo, viajando, y cumpliendo el mismo sueño que yo!

Hasta siempre amigos!
Hasta siempre amigos!

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