Nos levantamos temprano para ir a Isla Grande, las lanchas salían desde la otra punta así que emprendimos la caminata con los bártulos a cuestas. Le preguntamos a un colombiano por el tema este del transporte y le aclaramos mil veces “Queremos ir a Isla grande y que nos busquen al final del día”. Que si, si, si. Acá te dicen que sí a todo y mientras sacábamos fotos y despedíamos al cordobés, nos empezaron a apurar para subir al barco. Una vez arriba volvimos a aclarar nuestras intenciones de viaje y otra vez el sí reiterativo. Mientras nos hacían un tour por las Islas del Rosario iban avisándonos que teníamos que elegir entre ir al acuario por  no se cuanta guita o hacer snorkel por 25 mil. Nosotros con cara de nada aclarando que no íbamos a hacer nada. De repente todos se bajaron a hacer su actividad correspondiente y nosotros ahí, flotando en el medio del mar con cara de poker. Viene un tipo a preguntarnos por qué no habíamos elegido ninguna y reiteramos por vez mil que sólo queríamos ir a Isla Grande. “Ah nooo, pero no es así, este es un tour de 3 horas”, nos dice. Para qué. Los 4 indignados diciéndole que no es lo que nos habían ofrecido, que nos devuelvan la guita o al menos que nos dejen el snorkel gratis. El tipo dele que no, que no era su culpa y nosotros re calientes. Situación: los 4 sentados en el barquito mientras todos abajo nadaban con peces felices. Al rato el tipo nos dice: “Tomen, no se pueden perder esto” y nos da las máscaras para hacer snorkel. Jooooooya. La cosa ahora se ponía más equitativa. Hicimos la actividad y volvimos. Al bajar de nuevo en Barú nos dicen que vayamos al almuerzo, con la chicas por lo bajo diciendo “¿Será verdad?” y plum. Nos sentamos en un comedor, y nos caen con un plato de pescado con ensalada, arroz de coco y patacones. Fiesta. Mientras tanto a Mati un vendedor lo quería currar en la playa con unas ostras.

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Panza llena, corazón contento. En eso nos encontramos con Santi, el uruguayo recepcionista de nuestro hostel de Cartagena “El viajero”. Justo se había venido a pasar el día de franco acá así que se quedó con nosotros.

Esta vez el hospedaje fue en “Lo de Hugo”, que por 2 mil más tenemos un inodoro normal y un bidón con agua para bañarnos (ah sí, estuvimos dos días sin bañarnos llenos de arena y sal, en nuestro pelo teníamos rastas). Está mucho mejor que “Lo de Alcides” (nuestro primer paradero), la infraestructura es diferente, pasan música y estamos al lado del mar.

Mientras tomábamos sol con Lu aparecen dos morochos diciendo “Acá están”. Miramos, eran los del barco. “Ya le cancelaron el snorkel al capitán?”, nos dicen. “Eh? Nos dejaron hacerlo gratis por el mal entendido”, les decimos moooy tranquis. “Y el almuerzo?”, insisten. “A nosotras nos dijeron que estaba incluído y nos llevaron a comer ahí”, contestamos. Se miran entre sí resignados y se van sin decir nada. Ahora los que la tienen adentro son ustedes muchachos.

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A la noche optamos por una buena cena al lado del mar. Con los chicos me pedí diferentes pescados para ir probando de todos, las chicas salchipapa, hasta que Ludy (que si no lo conté hasta ahora es MUY afectadita con la comida) vio que tenía ketchup y pidió un nuevo plato pero de pastas. El sobrante por supuesto, hizo el esfuerzo Sandri,

Después lo de siempre, charlas, flores y a las 10 de la noche todos durmiendo.

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