El plan era disfrutar al máximo las horas que nos quedaban en este paraíso. Lamentablemente nos desayunamos la noticia de que a los hippies argentos con los que habíamos pegado buena onda les habían robado todo. Sentíamos la misma bronca e impotencia que ellos, y no teníamos más que palabras de aliento para que no la queden. 

Antes de irnos fuimos a comprarles unas artesanías para darles una mano y la despedida fue un abrazo lleno de buena onda y amor, no sabemos sus nombres, ni ellos los nuestros, pero hay cosas que no hace falta decir para sentir tanto afecto. 

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