Una vez que partimos de Christchurch, seguimos el consejo de los chicos que nos recibieron en su casa y nos fuimos a visitar unos lagos que quedaban a unas horas.

El primero que nos recibió fue el Lago Pukaki (178.7 km².).

El Pukaki está alimentado por el Rio Tasman, que viene bajando desde los Glaciares Hooker y Tasman. Los dos lagos vecinos quedan separados por los Alpes del Sur. El agua, tiene un color turquesa que nos dejó embobados, y supimos más tarde que se debía a las partículas de las rocas que hay en el fondo del lago. Rodeado por flores violetas y rosas, pudimos divisar de fondo el Mount Cook repleto de nieve en su cima. Paramos un ratito, sacamos unas fotos y nos sentamos un rato a contemplar el paisaje.

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Seguimos un ratito más con el auto y llegamos al Lago Tekapo, similar en el color pero un poco más chico. A diferencia, éste tiene su “pueblito” con sus restaurantes, hoteles, estaciones de servicio, etc. Uno de los puntos turísticos acá es la iglesia Church of the Good Shepherd, donde la ventana del altar enmarca una vista perfecta del monte Cook. Datos googleros: Familias pioneras del distrito de Mackenzie construyeron la iglesia en 1935, y esta es una foto muy popular para los visitantes y como no quisimos ser menos también le sacamos ja! Por otro lado, tenes una estatua de bronce de un perro pastor construida en 1968 para rendir homenaje a los perros de raza Collie por la labor que desempeñaron en la ganadería.

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Por suerte, este país está muy preparado para backpackers y para todo lo que sea acampar así que en cada ciudad es fácil encontrar un camping. Así llegamos al “Lake Tekapo Motels & Holiday Park” donde dormimos nuevamente en el Apache después de mucho tiempo por 16 dólares cada uno, frente al lago. Parecía mágico y nos sentíamos en un cuento de Disney; lo terminamos de confirmar cuando de repente aparecimos rodeados de patos y conejos. Yo, chocha.

La verdad es que no tenemos ninguna queja del camping. Los baños eran grandes y cómodos, las cocinas también, había una sala de estar con una tele y varios enchufes para cargar los aparatos electrónicos y la vista era insuperable. Sumándole que se hace de noche muy tarde, pudimos cenar unas pastas improvisadas con la linda vista de frente.

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Llegaba el domingo y teníamos que estar en Alexandra a las 6 de la tarde para confirmar nuestro nuevo hogar. No quisimos desperdiciar el día así que nos fuimos hacia el Mt Cook a intentar hacer algún trekking. La aventura fue más grande que nuestra orientación.,,

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