Era obvio que iba a pasar: nos encariñamos con el hostel y decidimos quedarnos acá.

Amanecimos temprano porque teníamos planeado un recorrido intenso por la ciudad. San se va el 17 así que es nuestra consentida (?) y vamos a recorrer lo que más le interesa a ella.

Caminamos hacia el metro pensando que era un subte pero en verdad es tipo tren. Una pinturita. La estación hermosa, cuidada, los vagones también. Me quedé fascinada. En las distintas estaciones te dicen los puntos de interés turísticos cercanos y hasta te tiran mensajes optimistas de que sonrías, en castellano y en inglés.

Una vez que bajamos, emprendimos viaje hacia el metrocable (un teleférico) para subir a la biblioteca España en Santo Domingo, pero en medio del camino un colombiano nos recomendó tomarnos el metrocable de al lado, el turístico, y subir al Parque Arví donde nos tratarían “muy bacán”.

Apenas llegamos enloquecimos con un puestito que ofrecía vasitos con moras, arándanos, frutillas y otra fruta muy ácida que no recuerdo el nombre. Después nos dimos el gusto con unas frutillas bañadas en chocolate blanco, delicia. Para recorrer los senderos se podían alquilar unas bicis, pero la genia de Lu no llevó ni dni, ni pasaporte, nada, y no le prestaron. Desistimos de tratar de convencer a los tipos y arrancamos a caminar. Habremos hecho menos de 10 cuadras en bajada que ya empezabamos a sufrir la vuelta en subida y nos volvimos.

Retomamos el metrocable y fuimos a conocer la Biblioteca España – Santo Domingo. Está construída en medio de una zona muy humilde con el fin de integración, como varias construcciones en Medellín.

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