Amanecimos, nos duchamos y salimos a la esquina que nos habían indicado con nuestras bolsas de alimentos, útiles y golosinas para donar. Desde allí salía una traffic que traslada a los maestros hasta el colegio. Una vez arriba, saludamos al director y apareció Silvia, la maestra con la que habíamos estado hablando. Entre mates se pasó la ansiedad y así llegamos.

La “Escuelita Nro 274 Bicentenario del Éxodo Jujeño” queda a unos 40 minutos de la capital jujeña, en El Cucho. La cantidad de alumnos varía según la época. Según nos explicaban, aumenta cuando los padres vienen a trabajar la tierra en los alrededores, otros viven tan lejos que tienen más tiempo de viaje que de clases y dejan de ir; es por esto, que las mismas maestras quieren ofrecerle a los padres llevar a sus hijos a sus casas para que puedan ir con ellas a clases, y luego los fines de semana quedarse con sus padres.

Ante la mirada curiosa de los 11 chicos formamos con ellos e izamos la bandera cantando Aurora. Acto seguido, el director nos presentó y nos hizo pasar adelante para decir unas palabras. Una vez vistos por todos, nos fuimos a desayunar juntos.

Después del mate cocido con pan, algunos ya se nos acercaban para charlar y preguntarnos de dónde éramos, cuánto nos quedaríamos y si también podían llamarnos “padrinos”. Otros en cambio todavía nos miraban de reojo, con mas timidez que otra cosa.

Comenzamos la jornada en el jardín. Actualmente solo tiene una nena: Melody. Una cachetona preciosa de 4 años que de entrada me agarró de la mano para ir a la salita y una vez allá, nos indicaba a qué jugaríamos y quién ganaría. Los dos estábamos embobados con la petisa así que pasamos un buen rato con ella mientras charlábamos con Silvia. Así nos enteramos que hace cuatro años una maestra falleció al regresar de la escuelita porque el colectivo se había quedado sin frenos y que fue un golpe demasiado duro tanto para los nenes como para el resto de los maestros.

Teníamos ganas de pasar más tiempo con los chicos, pero recién regresaban después del paro docente que los dejó varios días sin clases. Es por eso que lamentablemente no contábamos con recreos pero nos habían prometido que a las 11 de la mañana tocarían la campana para que salgan a jugar con nosotros. Así fue.

Lo primero que ofrecimos fue pintar y dibujar. Se avalanzaron a buscar los crayones y los marcadores mientras repartíamos las cartulinas. “Seño” me decían las nenas para pedirme algo y yo moría de amor, sino acudían al “madrina” y se peleaban para agarrarme la mano. Mientras tanto, sentado en el mástil estaba Denis que contestaba limitado a mis preguntas. Por suerte Tiny aplicó la técnica vital y lo invitó a patear un rato. Después de un rato de fútbol y voley, vino cansado hacia mi y me pidió las cosas para dibujar.

Una vez terminadas las cartitas para sus padrinos conocidos y dibujitos para nosotros, fueron con Tiny a transpirar un rato. Primero le pedían que los hamaquen, y que los alcen al trepador; después terminamos todos jugando a la mancha. Muertos de risas y de calor nos fuimos a almorzar arroz con atún. Santi estaba fanatizado con su “Padrino Rulo” y no lo soltaba bajo ningún punto de vista. Cande y Susana me seguían a sol y sombra y me querían compartir todo lo suyo.

Llegó la hora del fin de semana, la que tanto esperamos siempre estando en el colegio, esta vez y en esta escuela no queríamos que llegue nunca. Les repartimos las golosinas y les agradecimos a cada uno por habernos dejado ser parte de una jornada tan hermosa mientras nos daban besos y abrazos.

Nos volvimos en la traffic melancólicos pero realizados. Por cada sonrisa que le sacamos a ellos nuestro corazón se nos infló de felicidad; cada “madrina” o “padrino” que endulzó nuestros oídos nos hizo sentir que no necesitábamos nada más, que estábamos en el momento y en el lugar indicados, que era lo único que le faltaba a nuestro viaje y que ahora tenemos un hermoso compromiso de por vida: Unos “ahijados” a los que llenar de amor cada vez que vayamos.

“La felicidad es algo más bien fugaz, sentirse realizado es quizás un sentimiento más duradero” ―Jawaharlal Nehru-

Después de esta experiencia nos miramos con Tiny y coincidimos en que este era el cierre perfecto para nuestro viaje.

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