La idea era encontrarnos a las 7 y media en la plaza. Un hombre pasó con una lista y al grito de “Agustín Enrique” nos llevó hacia la combi que nos transportaría hacia la Hidroeléctrica.

Eramos una mezcla peculiar: dos bolivianos que se sentaron adelante y querían ser los primeros en todo; dos japoneses; una pareja de Albania (aunque pensábamos que ella era argentina); y seis israelíes que, sacando a uno, me cayeron como el orto.

El camino fue bien largo, lleno de curvas bastante peligrosas alrededor de las montañas. Deberíamos subir hasta los 4300 para volver a bajar y llegar a destino. Primero paramos en un lugar donde los precios no eran aptos para nuestras billeteras, los europeos compraban pringles y nosotros nos conformábamos con el tereré y el pan que había sobrado de la noche anterior.

La próxima parada sería 5 horas después para almorzar en Santa Teresa, tiempo que se hizo más eterno aún cuando una israelí empezó a sentirse mal y le pidió al chofer que se detenga. Mientras, la amiga bardeaba al peruano por ir “rápido” cuando en verdad manejaba perfecto. Ahí fue cuando el resto del grupo de israelíes empezaron a burlarse y a faltarle el respeto al conductor y al señor que lo acompañaba. Con tal de no escucharla más le ofrecí (Tiny fue el traductor a partir de este momento en adelante) un reliveran para que deje de vomitar. Por suerte se durmió, le tendríamos que haber dado una pepa (?).

Almorzamos y nos fuimos al trayecto final sobre ruedas. Llegamos a la Hidroeléctrica, nos registramos y conocimos a nuestro guía que nos indicó por dónde seguir el camino hacia el pueblo por el costado de las vías del tren. 

Cabe explicar que hay varias formas de llegar a Machu. Una es el famoso “Camino del Inca” para que se debe conseguir ticket con al menos seis meses de anticipación. Otra opción es algún tour como el nuestro que te alcance hasta Hidroeléctrica y de ahí elegir la opción de tomarse el tren hasta Aguas Calientes por 20 dólares o bien, caminar dos horas aproximadas por al lado de las vías del tren. 

Prosigo. Le metimos mucha pata, un poco por ansiedad y otro tanto para poder llegar antes de que anochezca. Una hora y cuarenta después llegamos primeros y se largó un pesado chaparrón que ya lo vimos bajo techo.

En la plaza nos encontramos con el resto del grupo y el guía nos asignó los hostales. El primero al que fuimos no tenia habitaciones matrimoniales así que, después de no ceder ante la oferta de habitaciones dobles, nos llevaron junto a los albaneses hacia un hostel mejor.

A las 20 fuimos a nuestra cena incluída en un restaurant cercano. Allí laburaba un argentino que hace un mes que estaba en Aguas Calientes y pretendía seguir su viaje hacia Chile. El vago nos atendió bárbaro y, después de la expliación del guía sobre los planes del siguiente día, nos repartieron las entradas del ingreso a Machu. Felicidad.

Arreglamos con los albaneses de juntarnos 4:30 AM para arrancar el recorrido y nos colgamos hablando sobre sus vidas. Viven en Italia, ella es mecánica y él camionero, hace 9 años que están juntos y tienen muchas ganas de conocer Argentina. Los despedimos y nos fuimos a dormir temprano ansiosos porque, por fin, llegaba el día tan esperado.

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