Casi todos soñamos desde chicos con jugar al fútbol en primera, triunfar, ser ídolos de un club y hasta participar de un mundial pero… ¿Alguna vez nos imaginamos que alguien podría ponerle a un equipo profesional nuestro nombre? Viajamos hasta Perú para contarte la historia de Samuel Vargas Tello, el hombre que creó el Club Atlético Juan Román Riquelme.

Es un mediodía caluroso en Casa Grande, un distrito a 48 km de Trujillo, una ciudad de la costa norte de Perú. Tomamos una mototaxi, entre caminos tan similares uno del otro que ni el más conocedor del sitio podría recordar. Entre polvo y barro llegamos al lugar que teníamos agendado, una casa enrejada rodeada por calles de tierra. Después de un timbre vergonzoso por la tardanza, y al grito de “ahí voy”, nos recibe Samuel Vargas Tello. Este hombre de 48 años, vestido por completo con la indumentaria del Manchester City, sonríe de oreja a oreja  mientras se acomoda para comenzar la tan esperada entrevista. Su escritorio se desborda de revistas de Boca Juniors, fotos con estrellas del fútbol y, en el piso, se posa un poster gigante que indica el porqué de nuestro viaje: “Club Juan Román Riquelme”.

“Vi que tuvo bastante repercusión (el club con el nombre de Riquelme) en Argentina, me llamaron de un diario deportivo (Olé) y recibí varios mails pero nunca habían llegado hasta aquí”.

No hace calor pero se pueden divisar las gotas de transpiración que caen por su frente y el tic que tiene de acomodar y desacomodar las cosas que hay sobre la mesa. Samuel se encuentra nervioso ya que no está acostumbrado a las entrevistas: “Vi que tuvo bastante repercusión (el club con el nombre de Riquelme) en Argentina, me llamaron de un diario deportivo (Olé) y recibí varios mails pero nunca habían llegado hasta aquí”.  Minutos más tarde, ya más relajado, nos introduce a que conozcamos su historia.

“En 1996 viajé hacia la Argentina, específicamente a La Plata, para trabajar. Ya tenía conocimiento de Boca Juniors pero en ese año me hice fanático”. Justamente en ese año debutaba en primera un joven de pecas llamado Juan Román Riquelme. El destino comenzaba a unirlos. “A Riquelme lo sigo desde que Boca lo compró. Desde el primer momento que lo vi me sorprendió su manera de jugar”, se emociona y recuerda con bronca cuando el Bambino Veira no lo ponía de titular en el Boca que tenía como máxima figura a un tal Diego Armando Maradona. Pero había otra razón por la que el juego de Román llamaba su atención: “Me sentía identificado  ya que en mi época de jugador yo era enganche también y  él tiene esa forma de juego a la antigua que lo hace distinto”.

Mientras nos narra esta parte de la historia se le comienza a quebrar la voz y traga algo de saliva para continuar el relato. “No jugar como profesional es una de las grandes deudas que tengo en mi vida”,  y agrega: “Esa cuenta pendiente yo aún la llevo en mis espaldas, por eso cree este club, para que en un futuro un chico de Casa Grande pueda cumplir el sueño que yo no pude lograr”.

El entusiasmo regresa a la charla al contar sus comienzos como entrenador. En el 2001, apasionado no solo por el fútbol si no que por la manera de entrenar de los argentinos, decidió hacer el curso de director técnico en la escuela “Osvaldo Zubeldía”, lugar donde se recibió, entre otros, Martín Palermo. Sin embargo su principal referente a la hora de decidir dedicarse a esa profesión fue Carlos Bianchi. “Yo veía la manera en la que tenía motivados a sus jugadores y me sorprendía. Me preguntaba cómo lo podía lograr con un grupo tan grande y eso, sumado a su éxito con diferentes tácticas, me hacía admirarlo”.

Ya muy lejos de esos años dorados y con su reciente despido del club de La Ribera, Bianchi fue muy resistido y criticado a lo largo de su tercer ciclo pero Samuel, firme con sus convicciones, sale a bancar a su máximo referente: “El fútbol de hoy se mide por los resultados y cuando no se dan los resultados el único culpable es el entrenador. Los jugadores no estuvieron muy comprometidos con Bianchi, porque el equipo dio un giro de 360 grados desde su salida. Carlos no mereció salir por la puerta de atrás, pero no tendría que haber regresado a Boca. Fue el DT mas ganador de la Historia del club y no tenía nada más que ganar, pero si mucho que perder”.

Después de recibirse, Samuel regresó a Perú para aplicar todos sus conocimientos en los jugadores de su país. Cansado de los clubes que no incentivan el progreso de sus jóvenes, decidió crear en el año 2002 el club “Juan Román Riquelme”. Pese a ello,  tuvo que esperar diez años para ser oficial debido a que él no quería que este equipo sea reconocido sin tener un nivel decente que no manchara el nombre del “Topo Gigio”. “Tuve que esperar 3 días para que acepten mi nombre, no pude dormir, fueron interminables”, recuerda. Finalmente el  27 de enero del 2012 se hacía oficial, el Club Juan Román Riquelme nacía y Samuel Vargas Tello no ocultaba su felicidad: “el día que oficializaron al club lloré de alegría”.

El Juan Román Riquelme, así tendremos que llamar al club aunque les suene raro, tiene como indumentaria oficial una mezcla de los tres clubes por los que jugó el ídolo (Boca, Barcelona y Villareal) aunque deberá sumar un nuevo conjunto tras el paso del 10 a Argentinos Juniors luego de una nueva despedida conflictiva del equipo boquense. “La salida de Riquelme estaba cantada por la mala relación que siempre tuvo con el presidente, si llegó a Boca no fue por un deseo de él, sino por la presión de los hinchas pero su partida era cuestión de tiempo”, señala Vargas Tello, enojado y dolido por el destrato que tuvo la dirigencia con uno de los máximos referentes de la institución.

Llega el momento de conocer el lugar donde Samuel cumple a diario su sueño. Salimos a la calle en busca de una mototaxi que nos lleve al lugar donde entrenan los jugadores del Club Juan Román Riquelme. Al bajar, sentíamos que caminábamos con un famoso. Cada persona que nos cruzaba saludaba al entrevistado.

Ya en el lugar, el escenario parecía de todo menos un lugar de entrenamiento. Chicos jugando a las corridas, madres conversando mientras a los gritos les pedían a sus hijos que no se alejen, vendedores de helados y otras personas que contextualizaban cualquier lugar menos el de un club de fútbol. Nos encontrábamos en la escuela “Bolognesi” de Casa grande.

“Antes entrenábamos en el estadio de Unión Vallejo pero hace 2 años no nos lo permiten por lo que decidí utilizar las canchas de la escuela pública, que se encontraban muy deterioradas y logré ponerlas en buena forma para que no solo los jugadores si no que los niños del lugar pudieran disfrutarlas”,  manifiesta Samuel con una mezcla de bronca, debido a que nadie del estado ayuda a que los chicos del lugar puedan realizar actividades deportivas, y satisfacción por lograr un espacio de recreación para todo Casa Grande.

La historia del Club Juan Román Riquelme tiene más palos en la rueda. Cualquier equipo que sueñe con la primera debe sortear una serie interminable de ligas. “Comenzamos en la liga distrital, luego llega la liga Provincial, el campeonato departamental, regional, nacional y recién ahí se llega al fútbol profesional”, nos explica el DT.

Hasta ahora el Club Juan Román Riquelme solo compitió en dos ligas y aunque todavía no cumplió el objetivo de ascender, tanto Samuel como los jugadores, lejos están de rendirse. “En el primer año en la liga se aprovecharon de que éramos un equipo nuevo con fallos arbitrales que nos perjudicaron. En el segundo año les ganamos a todos pero justo para el partido definitivo nos amonestaron a los 3 jugadores más importantes que teníamos y terminamos perdiendo”.

Si no resultaba suficiente crear un club con el nombre de un jugador de fútbol, Samuel Vargas Tello redobló la apuesta.  El 10 de febrero del 2013 decidió fundar el “Club Social Deportivo Cultural Riquelme Jr.”Así es, otro equipo con el nombre del ex 10 de Boca Juniors, pensado para ser un equipo de reserva donde los más jóvenes puedan desarrollarse para, en un futuro, jugar en el otro conjunto.

El recorrido continuó con una visita al Estadio de Unión Vallejo, perteneciente al equipo homónimo que se encuentra en la 1ra división del fútbol peruano.  Allí suele jugar el Club Juan Román Riquelme el torneo de distrito. La nota iba llegando a su fin como así nuestro paso por Casa Grande.

Hablando de fútbol y pasiones, Samuel se va del libreto y nos confiesa que, más allá de los objetivos que tiene con su club, su  mayor sueño es conocer a Román. “Siempre voy a hinchar por Riquelme vaya donde vaya” enfatiza mientras sonríe, como cada vez que piensa en el solo hecho de que el 10 le estreche la mano.

Por ello es que llegamos hasta acá. Porque hombres como Samuel Vargas Tello no abundan. Porque no solo es el nombre en el club lo que inculca a los jóvenes. Porque el que su club se llame Juan Román Riquelme para él es enseñar sus valores, su forma de ver el fútbol, su forma de tratar a la pelota, su forma de jugar. Por esto y mucho más es que estas historias merecen ser contadas. Historias de personas comunes y corrientes, de deportistas que no pudieron llegar, que no pudieron cumplir su máximo sueño pero que, gracias a una figura, tuvieron el coraje, las ganas y la voluntad de seguir. Por todo esto, ahora solo queda un objetivo en lo que nos respecta: que Román conozca realmente quién es Samuel. Y para eso decidimos empezar por acá.

Deja una respuesta