Hoy tuvimos un día bien “turis”. Ya que a Galápagos no podemos ir debido al corto presupuesto (o mejor dicho el excesivo presupuesto que implica ir a esa Isla), pagamos por un tour que todo el mundo nos recomendó a Isla de la Plata. No nos prometían lo mismo pero al menos algo del “estilo” para visitar. 

Tempranito nos fuimos al puerto junto a Galo, dueño del hostel donde paramos y nuestro guía. Junto a un contingente (siempre quise usar esa palabra) nos subimos a una lancha bastante rápida que nos llevó hasta la Isla en 40 minutos. 

Dentro del grupo había dos tipos coreanos -que creemos que eran pareja #chismesdeltour– que no hacían otra cosa que preguntar si todo lo que veíamos se podía comer, desde un fruto hasta una flor; una sueca que de lo blanca que era llevaba medias largas transparentes para protegerse aún más del sol; una mexicana igual a una conocida nuestra de Boca; dos holandesas de unos sesenta años que hablaban español porque habían “migrado” a España en una oleada hippie; entre otros. 

Apenas llegamos a la Isla, arrancamos una caminata de unas horas bajo el sol. El calor era bien intenso pero por suerte corría un vientito que apaciguaba el momento. El atractivo del lugar eran los famosos “Patas azules”, unos pájaros que como su nombre lo indica tienen las patas azules excepto cuando son pequeños de edad. Cuando le pasábamos caminando cerca les empezaba a temblar la garganta y según explicaba Galo eso era “stress”. Los vimos chiquitos con un plumaje de algodón, grandes, machos, hembras, algunos cuidando a su cría y otros escapando de las “Fragatas” (otros pájaros del lugar). Suena raro que haya sido divertido el tour hablando más que nada de pájaros pero juro que las actuaciones de Galo para explicar ciertos hábitos de estos animales lo hicieron así. 

Después de un buen rato por los senderos nos volvimos a la lancha, almorzamos sandía y piña, unos sanduchitos de atún y luego nos fuimos a hacer snorkel mientras veíamos montones de tortugas nadando a nuestra par. Nos tiramos emocionados con las máscaras pero nos decepcionamos un poco. Peces había, pero también demasiada corriente, lo que generaba que la arena se moviese constantemente y nos dificultase la visión.  Podría haber sido mucho mejor. 

Una vez de regreso a nuestro hostel conocimos al famoso George, un tortugo enorme que come alimento para perros, es un show. Tiny está feli´ con sus tortugas por doquier. ¿Será el exceso de emoción que hizo que esté durmiendo hace dos horas y media? Yo mientras tanto aprovecho, escribo, y pienso qué tan malo sería tachar a la turística y fiestera Montañita de nuestra ruta de viaje. Tenemos algunas horas para decidirlo. Por lo pronto me voy a despertar a este sujeto, es hora de cenar!

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