Se nos está haciendo difícil esto de actualizar todos los días. Y recién vamos una semana. Bah, está claro que no vamos a subir todos los días que vivimos en Nueva Zelanda, pero cuando te pasan muchas cosas en dos días seguidos, se dificulta.

Creo que ya es una constante nuestra en cada viaje que hacemos esto de dormir en un sucucho un día y en una comodidad absoluta al otro. Ojo, no reniego del auto. Es confortable, te hace sentir mucho más el entorno en donde estás y es más aventurero. Pero las comodidades que te dan una casa cuando estás en otro país son muy buenas.

Como contaba Carola, el hermano de Brendan, Mal, nos invitó a quedarnos con él y su familia. Nosotros nos ofrecimos a dormir en el auto pero tanto el como su mujer Sarah dijeron que no. Lo que nos esperaba lo muestro en la foto. Lo único para decir es que es una habitación separada de la casa con baño propio.

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Además de Mal y Sarah, acá viven sus cuatro hijos: Molly, Gus, Charlie y Sam. Es increíble como, siendo tantos, tienen un control de ellos increíble. Encima son todos deportistas (Mal es quiropráctico y vive pendiente de la salud física de todos) así que me siento en mi mundo.

Como “bienvenida” Mal nos dijo que, si nos animábamos, nos despertaba 5:30 AM para ver el amanacer desde la cima del monte. Aceptamos y valió la pena. Increíble disfrutar de la naturaleza arrancando el día.

Lo que también nos sorprendió es lo activa y saludable que es la gente mayor en Mount Maunganui. Subían hasta la cima como si nada (a nosotros nos costó!!). Se nota como es una ciudad en donde desde chico se practica todo tipo de deporte y la salud se mantiene hasta ser viejo.

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El día siguió conociendo un poco más a la nueva familia. Nos pusimos cómodos en nuestro nuevo nidito y fuimos a conocer un poco la ciudad y continuamos la búsqueda de laburo (pronto, novedades). A la noche charlamos con Sarah sobre qué hacer el sábado ya que queríamos aprovechar para conocer varios lugares de Rotorua que nos habían recomendado.

Salimos temprano a la mañana, hacia Rotorua, ciudad a 1 hora de Mt. Mounganui. Lo genial de Nueva Zelanda que, estés donde estés, todo lo que quieras hacer lo tenés relativamente cerca. El nuevo lugar al que íbamos era conocido por sus aguas calientes, sus geiseres y sus lagos paradisíacos. Promesa de buenas fotos, relax y felicidad. El camino de ida ya nos daba la pauta de que se cumpliría todo eso.

Pese a ser fin de semana, la ciudad estaba bastante tranquila. Fuimos a conocer un poco el centro, el Lago Rotorua y los lugares públicos donde podíamos ver los geiseres ya que, casi todo en la ciudad es pago.

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Es muy sorprendente el olor a Azufre que hay en varias partes de la ciudad. Esto se debe a que la mayor parte de ella se encuentra sobre actividad volcánica que, al ponerse en contacto con el agua, emana humo con olor a azufre. Fuimos al Kuirau Park para poder ver de qué se trataba esto y pudimos comprobar el por qué de tanto olor.

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Después de darnos cuenta que no había nada más gratuito para hacer en la ciudad, partimos hacia las afueras en donde nos habían dicho que había unos lagos con paisajes de película y, uno en particular, era conocido por el más limpio y cristalino del mundo: Blue Lake (después nos enteraríamos que no era ese pero que tiene el mismo nombre y está en la Isla Sur de Nueva Zelanda)

Blue Lake, Green Lake y Okareka Lake nos dieron esa cuota de paz, belleza y maravilla que buscábamos (cuántos adjetivos, no? Y me quedo corto). Aunque hay que admitir algo. La Patagonia argentina no tiene nada que envidiarle a estos lagos, aunque nos dicen que los de la isla sur son 10 veces mejores. Veremos.

Mateamos, comimos, sacamos fotos (miles) y pegamos la vuelta.

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Nos dimos cuenta que veníamos utilizando una autopista que nos cobra peaje sin darnos cuenta. Dirán que somos unos giles, puede ser, pero este peaje te lo cobra una cámara que toma tu patente y vos la tenés que apgar por internet. No es algo a lo que nosotros los sudamericanos estemos acostumbrados, mucha tecnología jaja. Por eso fue que agarramos un camino alternativo y, de casualidad, nos encontramos con el famoso kiwi gigante.Nos sacamos fotos para no ser menos, y mostrarles a familiares y amigos por qué esta es la tierra kiwi. Nuestra cara lo dice todo.

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De vuelta a casa, con cervezas en la mano, nos pusimos a charlar con Molly y Sarah. Mañana empiezan unos juegos juveniles deportivos y vamos a acompañar a la familia que va a competir en varios deportes durante la semana. Ah, mañana también nos toca hacer de niñeros ya que ni Sarah ni Mal van a estar y nos pidieron que cuidemos a Charly, Gus y Sam. Veremos qué pasa. ¿Cómo nos ven?

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