La risa es salud dicen por ahí y todavía queda algún porfiado con la duda a cuestas. Sin embargo, miles de chicos (y adultos también) con problemas de salud o en situación de calle se divierten y regalan sonrisas ante la dedicación de personas que solo buscan hacerlos reír.

La repercusión de la muerte del actor Robin Williams el pasado 11 de agosto le recordó a muchos aquella película en la que revolucionaba a la comunidad médica con terapias que consistían en hacer reír y darle cariño a los enfermos de cáncer. El film está basado en la vida de Doherty Hunter “Patch” Adams, un médico estadounidense, inventor de la risoterapia, y que cada año organiza a un grupo de voluntarios para que viajen a distintos países, vestidos de payasos, llevando alegría a huérfanos y pacientes.

En Argentina, Payamédicos Asociación Civil fue fundada en el año 2002 por el Dr. José Pelucchi, médico psiquiatra, fundador y Director Artístico-Académico de Payamédicos. Antes de fundarse la ONG, el Dr. Pelucchi, quien trabajaba en la Guardia de Terapia Intensiva y a la vez era (y es) actor, trasladaba escenas de sus obras a los pacientes, y luego descubría por comentarios de enfermeros y médicos que esas personas requerían menos dosis de analgésicos y sedantes, y que su estado de ánimo mostraba mejorías. Motivo suficiente para iniciar un gran movimiento que hoy cuenta con alrededor de 2.500 payámedicos entre Argentina y Chile.

En el caso de esta asociación, a diferencia de otras organizaciones similares, hay una propuesta con un principio y un fin terapéutico. “Siempre hay un gran conocimiento acerca de cada paciente, su historia clínica y su situación vincular. Vamos a trabajar con la parte sana de cualquier persona que se va a internar y eso hace que se mantenga un estado de ánimo optimista. De esa manera, a través de la liberación de endorfinas, hay un estímulo de los linfocitos que son las defensas. Entonces además de pasarla bien, hay una ayuda en la recuperación del paciente”, explica el fundador de la ONG. Es por eso, que aunque la medicina tenga su rol fundamental para el tratamiento de cualquier persona que padezca una enfermedad, el complementar al cuerpo médico con esta terapia alternativa puede generar un proceso mucho más llevadero.

Para los payamédicos todas las intervenciones son distintas. La idea es producir a partir de lo que el paciente presenta, que pueda plantear él lo que le gusta hacer  y a partir de eso producir, interactuar e improvisar. “Respetamos también que alguien no quiera recibirnos, ya que pedimos permiso siempre antes de entrar a una habitación. Si es un no, es respetable”, explica Jesica Totaro, payamédica del Hospital Santojanni, y agrega: “En definitiva, somos a los únicos que pueden negarse dentro de ese ámbito: si viene el médico o el enfermero no tiene opción y debe aceptar el tratamiento”.

A la hora de hacer reír se abre un abanico de posibilidades y opciones para no dejar de hacer feliz a nadie. Se puede ser Payacalle e interactuar con gente en situación de calle; Payavecino en barrios y villas; Payaseña realizando intervenciones con personas sordas e hipoacúsicas, Payasentidos interviniendo con personas ciegas o con baja visión; Payasol para lograr la concientización en la sociedad sobre la importancia de la Donación de Órganos y Tejidos o Payaguante colaborando con la institución en diferentes actividades organizativas, logísticas y creativas.

Los requisitos para ser parte de esta ONG son simples: solo se pide ser mayor de 18 años y tener estudios secundarios completos. “No es necesario ser estudiante de medicina, hay payamédicos que son amas de casa, contadores, filósofos, artistas, y también médicos”, cuenta Jesica.  “Los cursos se cobran porque sus contenidos a veces no son volcados dentro del voluntariado, y mucha gente los aprende para aplicar en sus quehaceres, pero luego el trabajo es ad honorem”, agrega Pelucchi.

Santiago Destin Rossi, tiene 26 años y ya lleva casi cuatro años como payamédico. Una amiga le contó acerca del curso y, al terminar la charla, él ya estaba googleando sobre el asunto: “El primer día en el hospital tenia que estar a las 9. Llegué 8,15. Los nervios me pudieron tanto desde el dia anterior, que esa mañana me olvidé la nariz, y una de las chicas me tuvo que prestar una. Despues salimos con los otros paya, y todo era nervios. Al final los chicos nos daban pie para que jugáramos con ellos. No sé en qué momento se había pasado ya el rato y teniamos que volver. La primera vez resultó tan simple, tan linda, que volví a mi casa chocho”.

Por su parte, Jesica no puede elegir un día: “Historias felices hay miles. Quizás cuando hay seguimientos y el payamédico observa los avances, como se “payasisa” esa persona, eso es muy reconfortante. También cuando estamos presentes para darles el alta junto a su familia, nos genera mucha felicidad”.

Quizás uno de los mayores orgullos de esta ONG sea que el mismísimo Patch Adams los haya contactado. “Nos dio mucho empuje. Incluso cuando se enteró del trabajo que se realizaba en Argentina, vino a visitarnos y mantenemos una muy buena relación”, asegura José, quien sin embargo aclara: “Esto tiene más rigor científico, lo de Patch tiene más que ver con el amor, la solidaridad, que también está en nosotros pero no hay tanto un cuerpo teórico. Con él cualquiera que quiera dar amor está invitado, pero nosotros tenemos una formación que dura al menos un año, es otro abordaje”.

La información está, las narices rojas esperan mas sonrisas y los atuendos de colores vestir gente nueva. Lo único que falta es gente animándose a salir de su esquema y vivir una experiencia que no tiene otro fin que curar a través de la risa. Es por eso que Payamédicos invita: “Todos tenemos un payaso, algunos más a flor de piel que otros, pero si dejamos que salga seguramente veamos las cosas de manera distinta. A quien no se anime, podemos decirle que lo haga si es que lo desea y quizás vea resultados en su manera de enfrentar la realidad cotidiana”.

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