Desaparecimos con una causa justa: nos escapamos del frío de Queenstown para pasar diez días en Samoa. Hay que decir que antes de venir a Nueva Zelanda no teníamos mucha idea de este lugar así que una vez acá, tuvimos que ir a averiguarlo.

Como solíamos hacer antes, cuaderno y lapicera en mano, escribimos cómo fueron nuestros días en esta hermosa Isla del Pacífico. Los invitamos a contagiarse un poco con el calor samoano.


Pre viaje

17 de Junio de 2016

Nuestro vuelo salía de Auckland por lo cual debíamos llegar allá el viernes al mediodía. Habíamos conseguido un vuelo económico desde Christchurch ese mismo viernes así que nuestro objetivo era llegar allí. Como no queríamos ir con nuestro auto, conseguimos una Relocation. Esto es muy común en países como Nueva Zelanda, Australia, Canadá y USA, y consiste en que una agencia que renta coches te ofrece que uses uno de sus autos de manera gratuita y que lo lleves a determinada ciudad dentro de un período de tiempo. Las condiciones de los autos varían, algunos te obligan a que lo devuelvas con el tanque de nafta lleno; otros te incluyen la nafta y hasta te pagan la noche en algún lugar si implica un viaje largo. Una excelente opción para moverse sin gastar o gastando muy poca plata.

Buscamos nuestro auto por Queenstown y emprendimos viaje a Christchurch pasando obviamente a visitar de nuevo a nuestros amigos Mati y Jenny en nuestro lugar favorito de Nueva Zelanda: Lake Tekapo. Aprovechamos para charlar un rato, almorzamos algo y a la tardecita estábamos en el destino donde nos recibiría Cande, compañera de trabajo de Agus y quien me guió durante la visita al Milford Sound. La genia nos hospedó junto a su marido inglés Stuart y nos preparó una cena riquisima. A la mañana siguiente entregamos el auto cerca del aeropuerto de Christchurch. Para nuestra sorpresa, casi que ni lo revisaron y el tanque estaba igual a como lo entregaron (le cargamos unos 70 dólares kiwis). Desde allí, un shuttle nos llevó gratis hacia el aeropuerto. Excelente experiencia y super recomendada 🙂

Desde Chch viajamos hacia Auckland por Air NZ. Pese a que fue solo una hora y veinte de viaje, durante el vuelo nos dieron café, una cookie time y un caramelito. Todo de lujo. Desde Auckland partimos hacia Samoa por Virgin Australia que solo ofreció café o agua durante el vuelo de cuatro horas, y si uno quería comer algo había que pagarlo. De más está decir que esto nos fastidió un poco jaja.


TALOFA!

Llegamos a Samoa bastante tarde, cambiamos unos 2000 kiwis y obtuvimos unas 3400 talas. De entrada nos acaparó un taxista ofreciendo su servicio al  que Tin sin dejarlo terminar le clavó un “No, thanks”. Sin embargo, el insistente se nos acercó a hablar y enseguida fuimos aflojando hasta aceptar ir con él a algún hostel por unas 60 talas. En el camino, nos dimos cuenta que era “Numi”, un taxista que nos habían recomendado antes de venir y que también hospedaba gente en su casa pero esta vez no tenía lugar. Durante el camino, levantó a su esposa y nosotros le pedimos que nos lleve al hostel más barato, Tatiana Motel, del que no teníamos las mejores referencias pero cumplía con lo de barato. Dejamos nuestras cosas y como moríamos de hambre nos llevó a comer una parada de taxistas donde ya empecé a notar el “cómo comen los samoanos”. Nos sirvieron dos platos enormes y abundantes con pollo al curry, arroz, y no sé que otras cosas. Bomba. Diluviaba así que una vez llenitos nos dejó en el Motel y quedamos en seguir en contacto para nuestra vuelta al aeropuerto.

Cruzamos a Savaii

18 de Junio de 2016

Desayunamos y nos fuimos hacia el centro de Apia, debíamos tomarnos el bus hacia la terminal de Ferry para cruzar a la otra isla: Savaii. Pasamos por el centro de información, nos dieron una hoja con los horarios de los buses y aprovechamos para recorrer un poco el mercado central. Después de un rato de explicaciones escuetas por parte de los samoanos, y de un constante cambio climático entre sol y lluvia, encontramos donde paraba el bus y ahí sí que comenzó la aventura. Como ya nos habían anticipado, vivimos el famoso “tetris humano”. Todos a upa de todos y así y todo seguía habiendo gente parada. Pobre Agus que le dejé estampadas mis nalgas en las piernas. Unos 45 minutos más tarde, llegamos a la terminal, sacamos los tickets para el ferry y nos relajamos al fin.

El viaje fue tranquilo, una hora y pico después arrivamos a Savaii y nos apuramos para tomarnos el bus a “Lano Beach” en el medio del caos de buses y samoanos.

Nuevamente una parte del viaje la tuve que hacer a upa de Agus pero por suerte el sufrimiento fue menor. Un datito es que para avisar que tenes que bajarte golpeas tu ventana con una monedita y el bondi automaticamente para. Eso hicimos cuando visualizamos un cartel que decía “Joelans Fales”.

image
image

Al llegar nos recibió una señora muy amorosa, Falesoa, dueña del lugar, y nos dio agua fría y frutas para refrescarnos. Por 60 talas cada uno, tendríamos nuestro fale (es como una choza con hojas de palmeras) con colchón, sábanas y mosquitero, a orillas del mar. Y además, incluiría desayuno, almuerzo y cena. No lo dudamos. Acto seguido inauguramos la temporada samoana en el mar y relajándonos en la arena hasta que apareció un pequeño. Tin se puso a jugar con el ruliento (que cualquiera podría decir que era su hijo samoano) y al rato, el padre verdadero (?) nos trajo un plato con cerdo, chorizos, taro y taro leaves. Simplemente para agradecernos el haber jugado con el niño y compartirnos lo que él estaba cocinando para su familia cerca nuestro. Casi lloramos (?) de emoción, un genio.

image
image

A la hora llegó la cena que incluía pescado frito, arroz, escalopes de berenjena, taro y ensalada. Alrededor de las 19 hs Tin ya estaba dormido, yo trasnoché hasta las 20:30 (!!) escuchando el mar chocando con los troncos de nuestro fale.

C


 

Mi cumpleaños más feliz

19 de Junio de 2016

El quedarme dormido a las 7 pm no me gustaba tanto porque sabía que me iba a despertar en medio de la noche. Pero no fui yo sino que la alarma me despertó a las 2 am con Carola diciéndome feliz cumpleaños. Me dio un beso y seguimos durmiendo con ganas de levantarnos a ver el amanecer.

Hago un breve paréntesis para contar que como le pasó a Carola, este iba a ser mi primer cumpleaños lejos de mi casa. Y, aunque no soy muy fan de celebrarlo, la distancia de la familia y los amigos creía que se iba a sentir.

Nos despertamos a las 6 am de la mejor manera: el mar chocando contra nuestro “cuarto” y las hojas de las palmeras chocando entre sí. De película. A esa hora el agua ya estaba increíble así que no dudamos en meternos. Sería la primera de muchas en el día.

image

Después de un desayuno espectacular que incluyó frutas, pan y huevo revuelto (ya voy a hablar sobre lo increíble que es la comida en Samoa), nos fuimos caminando al siguiente pueblo en donde nos esperaba Kevin, dueño del local donde se alquilan motos.

La caminata fue acompañada por una paz absoluta. Samoa es un país muy tranquilo, pero sobre todo los domingos. El último día de la semana es día de ir a la iglesia. Hombres, mujeres, niños y ancianos, todos van con sus mejores ropas a la iglesia local. Por todo esto es que mientras caminábamos, los únicos seres vivos que nos cruzábamos eran chanchos, perros y pollos.

Veinte minutos a pie nos separaban del local. Al llegar, un australiano canoso y bien bronceado nos recibía con una agradable sonrisa. Kevin vive en Samoa hace dos años y medio y, junto a su mujer, manejan un coffee shop y el alquiler de Scooters para turistas.

Nuestro único propósito no era llevarnos una moto. Avisados por la fama de sus tortas, yo quería aprovechar y probar una como autoregalo de cumpleaños. Además, este lugar tenía wifi gratis y Carola tenía una sorpresa para mi en Youtube. Al avisarnos que los domingos estaba cerrado, le comenté un poco decepcionado que esperaba comer la torta por mi cumpleaños e inmediatamente contestó: “No se le puede negar aunque sea un café a un cumpleañero”. Nos acomodamos, y para mi sorpresa, Kevin llegó con dos cafés y una porción de torta“Feliz cumpleaños, invitación de la casa”. 

image

Con el paso del día mi felicidad siguió aumentando. Panza llena y contenta, más tarde probé la moto y marchamos. Volvimos y ya era hora de almorzar. Otra vez platos abundantes y variados nos esperaban. Me es difícil explicar lo feliz que me hace la comida y si encima es como la que comí en mi día, más aún.

Más playa, comida, relax y felicidad siguieron durante el día.

Finalmente Carola me mostró la sorpresa que tenía guardada. Un video con amigos y familiares, que más que saludos, me describieron a la perfección. No solo me hizo dar cuenta de los grandes afectos que tengo sino de la increíble mujer que tengo al lado mío.

Así son nuestros días y así espero que sigan siendo en samoa: paz, tranquilidad, comida abundante y riquísima, mucho sol, arena y mar. Pero sobretodo muy empalagosos el uno con el otro.

image

T


 

Por “la” ruta samoana

20 de Junio de 2016

Post nuevo desayuno abundante, le dejamos a Falesoa un poco de nuestro equipaje para viajar cómodos en la Scooter y le prometimos volver al día siguiente.

La ruta se superaba minuto a minuto. El verde intenso de la vegetación samoana, más el brillo del sol en el mar azul hacían una postal perfecta. Todos te saludan en el camino, los nenes directamente corren cuando te ven pasar y exclaman un agudísimo “Bye bye” que nos enternece una bocha.

Nuestra primera parada fue Manase, lugar turístico y recomendado. Preguntamos en los fales “Talua” si podíamos tirarnos en la playa y ante la aprobación insistieron en que pasáramos la noche allí. Ganas no nos faltaban pero debíamos llegar a Falealupo.

Aprovechamos el parate para disfrutar de la playa y del sol. El agua estaba más clara y los peces nos nadaban por al lado. Dos horas después seguimos viaje. Lo que suponíamos que sería una hora se convirtió en unas horas más. En el medio, una lluvia torrencial para hacerlo más aventurero.

Finalmente llegamos a Falealupo Beach Fales y pese a que estaba bastante nublado, quedamos embobados con la playa enorme. Grandes corales llegan casi hasta la orilla y abajo del agua podes ver todo tan o más claro que en una pileta. Este lugar era el último lugar en el mundo donde se veía el atardecer hasta que el gobierno de Samoa decidió correr un día la fecha para estar acorde a Nueva Zelanda y Australia. Las nubes no nos dieron el gusto de ver caer el sol por detrás del mar, sin embargo el encanto del lugar ya nos hizo el día.

C

Deja una respuesta