Después de una charla breve coincidimos y decidimos irnos para Tucumán. Nos saltearíamos algunos lugares de Salta para averiguar con anticipación lo del tren y de paso recorrer la ciudad.

Caímos a un hostel frente a la terminal que con su aire acondicionado nos salvó del calor pegajoso y húmedo que nos regalaba nuestra nueva provincia. Un choripan y a la cama fusilados.

Al otro día aprovechamos para pasear y comprar algunos regalitos. Pasamos por la clásica e histórica Casita de Tucumán, y mientras caminábamos por el centro empezamos a sentirnos en Capital Federal. Los bares, heladería y supermercados nos acercaban mentalmente al caos porteño y creímos que era un buen entrenamiento para ir preparándonos.

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Finalmente y tal como nos habían anticipado no conseguimos pasajes para el tren. Nos jugamos a la opción del micro y aunque pasamos un día en la terminal de ómnibus, las horas se pasaron entre Beatles, subidas de videos, fútbol, milanesa y helado.

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Llegó la hora de volver y ya tendremos tiempo para escribir algunas reflexiones. Probablemente arriba del micro empecemos a recordar a cada persona que conocimos, cada lugar que estuvimos y la cantidad de cosas que vivimos en estos meses. Probablemente este blog no se cierre, porque aún le quedan muchos viajes por relatar.

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