Desde nuestra llegada a Malasia nos vimos sorprendidos por la razón que casi todos conocían Argentina: el fútbol. ¿Qué sorpresa tiene relacionar a Argentina con el fútbol, dirán? Bueno, viniendo de Singapur e Indonesia, donde si bien conocen a Messi, no saben tanto de Argentina, pasar a que nos nombres a Carlos Tevez, Boca Juniors, hasta Gabriel Omar Batistuta (!!), al menos a mi me dejó maravillado.

Amantes de la Premier League inglesa por sobre todas las cosas, cada televisor (hasta los de Mc Donalds) están con partidos de fútbol y se los puede escuchar gritar los goles del Arsenal, el Manchester United y demás equipos. Por todo este contexto, mis ganas de jugar al fútbol en Malasia se iban incrementando a cada paso. Quería saber qué tanto lo jugaban, y qué tan bien o mal, en este país que se puede conocer por muchas cosas pero no por su habilidad futbolista.

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No podía faltar la cara del mejor de la historia: Diego Armando Maradona

Una noche charlando con Justin, nuestro anfitrión de Airbnb en Malaca, y con Mati sobre fútbol, el malayo nos preguntó si nos gustaría jugar un partido con él y sus amigos. No hubo necesidad de que contestemos ya que nuestros ojos se pusieron tan brillosos y nuestra sonrisa tan de oreja a oreja. ¡Íbamos a jugar al fútbol en Malasia!

En cancha de futsal y con varios equipos, Mati con botines y yo con unas pobres alpargatas, empezamos afuera. De entrada el nivel nos sorprendió: muy buena técnica y calidad en los pases, aunque se notaba que no sabían posicionarse. Los partidos se definían al primero que metía dos goles o a los 6 minutos.

Obviamente no podía faltar la cara de Messi en una cancha de fútbol.
Obviamente no podía faltar la cara de Messi en una cancha de fútbol.

El momento llegó y entramos. Todos afuera y adentro nos miraban expectantes en ver qué íbamos a hacer. No todos los días juegan con dos argentinos. Por eso, la presión era alta, sobre todo para nosotros que hacía mucho tiempo que no jugábamos.

Arrancamos bien, ganando algunos partidos, perdiendo otros, muy sofocados por el calor y la humedad de Malaca pero felices. Y así fue, al menos mi vivencia en las casi dos horas que jugamos. Felicidad.

No solo volví a jugar al fútbol sino que fue con gente de otra parte del mundo (había gente de Malasia, India, China y Singapur), la cual siempre nos hizo sentir uno más y que disfrutó tanto como nosotros el momento. Solo quedaría tiempo para una foto grupal y para agradecer, nuevamente, a Justin y a todos por dejarnos jugar.

Uno viaja por muchas cosas, cada uno con un objetivo diferente. Yo no sé si es mi objetivo principal, pero sin dudas una de mis metas es poder jugar al fútbol en la mayor cantidad de países del mundo y con la mayor cantidad de personas que pueda.

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