Tour de Komodo: 4 días y 3 noches en barco

Para empezar, quiero contar que estoy escribiendo desde el techo de un barco, charlando con nuevos amigos que me dio este viaje mientras vemos caer el atardecer por detrás de las montañas del Parque Nacional de Komodo.

Antes de llegar a Indonesia, cada persona que nos cruzábamos nos hablaba del famoso tour de 4 días a Komodo en barco en el cual podías hacer snorkell, ver peces de todos los colores, nadar con manta rayas y ver al dragón de Komodo, entre otras cosas. Todo esto, sumado a la idea de estar 4 días en el mar, nos llamaba mucho la atención. La expectativa era alta a tal punto que habíamos decidido cerrar nuestro viaje por Indonesia haciendo esto. Nosotros hicimos el tour con la compañía «Komodo Adventures and Beyond«.

 

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Los 21 estamos bien 🙂

DÍA 1: Lombok – Sugian

Llegamos a Bangsal, puerto de Lombok donde comienza el tour, un poco desconfiados ya que el papel que nos había dado Joel no tenía ningún sello, ni firma ni nada. Ya un poco acostumbrados a este «modo informal» de Indonesia, fuimos decididos a subir o subir al barco pase lo que pase. Por suerte, al llegar al punto de encuentro dimos nuestro papel y, pese a que dudaron por un momento, nos dijeron que todo estaba en orden.

Después de más de 2 horas de espera, finalmente un pequeño hombre llamado Eddie en un ingles básico pero entendible se presentaba como el capitán y guía que estaría a cargo del barco durante el tour. Post explicación de las actividades de cada día, partimos rumbo al puerto. Normalmente estos barcos llevan una capacidad máxima de 20 personas y, pese a que es temporada baja, estábamos completos. En el puerto nos esperaba lo que sería nuestro hogar por cuatro días.

 

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Ya a bordo, comenzamos a conocer a las personas que nos acompañarían por tantos días. Con una buena mezcla, dominada por fin por habla hispana, el equipo estaba compuesto por: 7 argentinos, 4 españoles, 2 checas, 2 holandeses, 2 neocelandeses, una pareja de ingleses, un brasilero y un iraní. No lo sabíamos aún pero con varios de ellos pegaríamos una relación tan estrecha que, en tan poco tiempo, podemos llamarlos amigos queridos.

El primer día fue tranquilo. Fuimos a hacer snorkel a Sungian, parte noroeste de Lombok,  rodeados por peces y nos relajamos viendo el atardecer entre charlas y mates con Mikel y Graziella, pareja española de 62 y 58 años, Pedro y Mirella, dos valencianos treintañeros, y Rafael, un brasilero de Belo Horizonte que entendía perfecto español pero que contestaba solo en inglés.

De ante mano pido perdón si entraste a leer solo sobre el tour. El perdón es un poco entre comillas ya que creo que una de las partes fundamentales de este tipo de viajes es la gente que conocés y nosotros conocimos gente increíble de la que seguramente tenga que hacer otros textos.

 

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DÍA 2: Moyo Island – Satonda Island

El sol nos despertó a las 5:30 de la mañana pero no nos molestó, al contrario, fuimos arriba del barco para disfrutar del silencioso amanacer en frente de Moyo Island, nuestro nuevo destino.

Después de saltar del barco y nadar hasta la orilla, fuimos guiados por Eddie (que hasta el momento no nos caía mal) hacia una cascada que se podía trepar y llegar a la cima. Esta fue una de las excursiones que nos pareció que no valía la pena pero entendemos que el tour lo tienen que hacer con variedad de actividades.

Post cascada, fuimos a hacer snorkel en frente de la isla mientras esperábamos a que los demás llegaran. Nuestro camino seguiría hacia Satonda, una isla con un lago de agua salada producto de la erupción volcánica hace cientos de años.  Almorzamos y partimos.

Llegamos y de inmediato saltamos al mar con Carola, nuestros amigos españoles  y Gonzalo, Soraya y Analía, los otros tres argentinos que estaban en el barco. El snorkel acá fue el que más nos gustó. El sol reflejando a los corales que se encontraban a menos de un metro de la superficie hacían de este un lugar ideal. Peces de todos los colores, formas y estilos, incluyendo al amigable pez payaso o «Nemo». El que quería podía seguir hacia la isla e ir a conocer el lago pero con Carola decidimos quedarnos en la orilla ya que allí se encontraba Graciela, la catalana de 58 años, que se encontraba jugando con nenes de la isla y enseñándoles a respirar abajo del agua. Como no podía ser menos, Carola se sumó pero empezó a enseñarles cosas graciosas las cuales los chicos intentaban imitar al pie de la letra.

 

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Una de las comidas del tour

 

El día terminó entre cervezas, charlas de nuestros orígenes en España y más risas. Se venía un trayecto en barco de 14 horas sin parar hasta  Todo el día hacía que dormir se nos hiciera más fácil pese al, por momentos, imparable movimiento del barco.

DIA 3: Gili Banta Island – Manta Point – Pink Beach – Kalong Island

Amanecimos en movimiento rumbo al primer destino de día: Laba. Esta zona de Indonesia ya se comenzaba a ver mucho más árida, sin tanto verde, pero manteniendo la claridad del agua.

Al llegar al lugar, había un trecking hacia la cima el cual, pese al intenso calor que hacía, decidimos hacerlo. Pese a que el camino en si no ofrece mucho, las vistas de 180 grados que hay en la cima lo valen. Agua con tres hasta cuatro colores distintos y una inmensidad de montañas que se perdían en el horizonte.

 

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Vista desde la cima en Laba

 

Después de una bajada accidentada ya que a mí se me ocurrió ir descalzo y a Carola en ojotas (campeones mundiales en pifiar calzados para caminatas), volvimos al bote y seguimos rumbo hacia uno de los destinos más esperados: Manta Point. En el camino, comenzó una discusión un poco subida de tono entre el capitán y Arik, el iraní, ya que era la segunda vez que no alcanzaba la comida para las 21 personas.

No hice mucho hincapie en la tripulación y el servicio ya que lo van a poder ver en este post (Komodo Adventures and beyond)  pero este momento fue en el que, al menos Mati y yo, empezamos a fastidiarnos fácilmente con el “capitán Eddie” ya que todo lo contestaba de mala manera, no explicaba nada y dejaba poco tiempo para hacer cada actividad.

Tenía mucha expectativa con esta siguiente parada, al igual que casi todos, ya que en la fotos y videos había visto lo gigantes que eran las mantas que había por esta zona. Al llegar, Eddie se puso en la punta del barco en busca de las tan ansiadas mantas. Una de las checas al grito de “¡There are!”, avistaron a las primeras que movían y bajaban sus aletas arriba y abajo del agua, como jugando con ella.

Al instante Eddie avisó que era momento de saltar. Nos preparamos y saltamos rumbo a su encuentro pero la fuerte corriente nos hacía preocuparnos más por no alejarnos del barco que por ver manta rayas. Sumado a eso, otro barco que hacía el tour, se nos había puesto muy cerca y su corriente nos empezaba a atraer hacia él.

No sé a qué se acostumbrara en este tipo de tours, pero lo mínimo que uno espera es que en este tipo de actividades la persona a cargo se meta al mar con uno guíando hacia dónde ir. En cambio, recibíamos gritos de Eddie desde el barco que nos ordenaba hacia donde nadar como si fuese nadar en una pileta.

Sin poder ver nada más que a Carola acomodarse la máscara, volvimos al barco frustrados y enojados. Un poco por nuestra insistencia, el capitán volvió a buscar manta rayas y, al encontrarlas, nos mandó de nuevo al agua. Esta vez sin dudar, me mandé primero con Gonzalo, uno de los argentinos, de frente a donde venía el grupo de mantas. El momento fue único.

 

 

Mati siguiendo una manta raya
Mati siguiendo una manta raya

 

Al menos 5 manta rayas gigantes pasando por arriba nuestro, muy tranquilas, como si quisieran que las viéramos pasar. No pude capturar el momento con la cámara pero sin dudas que es uno de esos clics que se hacen con la mente que me va a quedar grabado por mucho tiempo. Esperando por volver a ver más, el capitán nos apuró para subir e irnos. Él siempre estaba apurado. Con pocas ganas de discutir y con la felicidad de haberlas visto de tan cerca, aceptamos la decisión y partimos hacia Pink Beach.

Esta playa, conocida por el color medio rojizo-rosa de su arena, sirvió para que nos relajemos y divirtamos en la playa, algo que con tanta actividad y tanto tiempo en el barco, no habíamos podido disfrutar hasta el momento.

Al atardecer, llegamos a Kelor Island en donde nos quedaríamos hasta la mañana siguiente. Ahí pudimos ver a unos pequeños delfines jugar y a un cuervo que le dejó un “regalito” en el short a Mati.

La noche estaba tan calurosa que nos fuimos todos al techo del barco y disfrutamos de charlas, cervezas y un espectáculo de estrellas único. Jamás en mi vida vi tantas estrellas fugaces como esta noche (al menos 10).

 

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Playa «pink o red beach»

 

DÍA 4: Komodo Island – Rinca Island – Labuhan Bajo

Amanecimos temprano con la paciencia interrumpida por nuestro «amigo» Eddie. Analía tenía las piernas con heridas porque se había caído de la moto hacía unos días y en el barco se le fue empeorando. Pedimos un botiquín de primeros auxilios y no. En el barco no había. No obstante Eddie hasta se indignaba diciéndonos que el barco era «caro» como si fuese una locura estar pidiéndole alcohol y algodón. Dado que no vimos ninguna resolución de su parte decidimos bajar al Parque de Komodo y al margen de disfrutar de la excursión pedir ayuda para Ana allí adentro.

En el Parque, dos guías nos acompañaron en el recorrido (eramos veinte personas y supuestamente es un guía cada 5).  De entrada, un dragón nos recibió oh casualidad apenas arrancamos. Lo notamos dopado, perdido y levantó nuestras sospechas de que estaba puesto apropósito por si después no veíamos ninguno más. Algo así como «Turista, acá tenes al dragón que tanto querías ver» jaja. El dragón para el que no está al tanto, es el lagarto más grande del mundo y su saliva contiene tantos gérmenes que la hace letal. Por lo general ataca a sus víctimas cuando están durmiendo, las muerde y sigue su camino. Así el veneno va recorriendo el cuerpo del animal (búfalos, venados, lo que venga) y unos días después, ya muerto, el dragón regresa a devorarlo entero.

 

Entrada al parque de Komodo
Entrada al parque de Komodo

 

Durante el trayecto nos encontramos con varios y la información de que podía moverse a unos 20 km/hr nos hizo tomarle más respeto y sacarle fotos de lejos. Los guías igual andan con palos como para «defenderte» en caso de ataque, peeeeeeeeero, mejor mirarlo de lejos y respetarlo no?

Después de la visita a Komodo nos fuimos a otro parque que también tiene dragones y se llama «Rinja». Allí fuimos más cuidados, con muchos más guías, pero solo vimos varios en la entrada y luego nada más. Notamos los parques bastantes descuidados, especialmente por haber sido declarados Patrimonio de la Humanidad.

Finalizados los paseos, por suerte se dignaron a parar en una islita camino a Labuan Bajo para que nos demos un chapuzón y así dimos por terminado nuestro inolvidable tour y no por las actividades, sino por la nueva familia que habíamos conformado. Un ratito después, llegamos a Labuan Bajo, donde terminaba el tour.

Este tipo de viajes te motiva a seguir viajando, no solo por la cantidad de lugares, paisajes y cosas que vas viendo, sino que por la gente que te vas cruzando que te llena el alma y te hace entender que un destino realmente se disfruta gracias a ellos y no tanto al paisaje en si.

 

Con quién lo contratamos: Komodo tours and beyond (No lo recomendamos)

Cuánto nos salió: 1.650.000 rupias (suele estar entre 1.500 y 2 millones. Peleen el precio y que les incluya las entradas a los parques).

Qué nos gustó: Compartir con gente de otros países; estar cuatro días navegando; meternos tantas veces al agua y en tantos lugares, hacer snorkel, ver manta rayas gigantes.

Qué no nos gustó: el trato del «capitán»; algunos tours como la cascada en Moyo Island; las cucarachas en el barco (igual creemos que pasa en todos);

Tips: llevarse algo extra de comida porque aunque tengan desayuno, almuerzo y cena incluidos van a tener hambre, sobre todo en los tiempos muertos; llevar algo para entretenerse (nosotros llevamos cartas y libros); irse de noche al techo del barco y disfrutar el paisaje estrellado.

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