Todo concluye al fin

Llevamos poco más de un mes haciendo wwoofing y creo que nunca escribimos demasiado sobre cómo son Don y Cheryl, cómo es un día nuestro acá, etc. Así que tarde pero seguro y justo cuando empezamos a pispear nuevos rumbos vamos a resumirles un poco este mes.

 

Don y Cheryl tienen unos sesenta y pico, se conocen desde la adolescencia y tienen toda una vida juntos. Trabajan en Woodproducts -una empresa que se dedica a la producción de madera-, él es gerente y ella algo así como Data Entry en la parte de pagos. Donald es serio, al menos con nosotros. No habla mucho pero cuando lo hace da para rato y nos enseña bastante sobre el campo, procedimientos, etc. Hay que leerle la mente o conocerlo hace demasiado, como su mujer, para saber qué quiere, si necesita algo, etc. No te va a pedir ayuda. Puede tomar un solo tipo de cerveza porque el resto le cae mal, le encanta el rugby (a quién no en éste país) y vemos de cuánto disfruta vivir acá. A la tardecita se suele sentar en una silla en el jardín y relajado contempla su campo y el mar.

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Ella es charlatana (re), le encanta ser sarcástica y siempre está buscando una solución si hay algún problema. Si me duele la espalda, a los dos minutos aparece con X crema; si nos sale un salpullido, nos da una pomada, nos cambia las sábanas y nos da instrucciones de cómo proceder hasta encontrar de dónde vino; y así con todo. Somos sus “kids” como nos llama y nos presenta ante sus amigos.

No paran nunca. Llegan del trabajo y cuando chusmean lo que hicimos en el día se les ocurren cosas nuevas para hacer que mientras nos explican las terminan haciendo ellos. Eructan a lo loco y eso que apenas llegamos nos parecía una falta de respeto, hoy lo vivimos con casi todos los kiwis que conocimos. Será su horrenda costumbre, qué se le va a hacer.

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Esto creo que ya lo conté pero por las dudas repito. Todo comenzó cuando publicó en una página de internet de trabajos que necesitaba ayuda con cosas de jardinería. La contactamos, nos conocimos y empezamos.

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Nuestros días acá solían arrancar muy temprano hasta que fuimos tomando más confianza y empezamos a estirar las alarmas. Estamos clavando unas -fácil- 9 horas de sueño. Las tareas del mes y de cada día fueron: preparar la leche para los terneros; llevarles la comida a las vacas que están en otros campos; enrollar rejas y alambres; darle de comer a las gallinas y buscar sus huevos; plantar frutillas, tomates, choclo, espinaca, lechuga, arvejas, brócoli, morrones (pimiento), pepinos, papas y horned melon; sacar malezas de cada cantero y mantener lindo el jardín; mover ovejas y vacas de un corral a otro; le pusimos nombre a muchos de los animales y los adoptamos como mascotas. Tanto cariño no tardó en presionarme mentalmente con el asunto del comer carne, tema aparte que me viene taladrando.

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Con el tiempo, cuando le agarramos la mano y las actividades empezaron a reducirse nos empezó a sobrar demasiado tiempo. Agus me dijo un día que se notaba ya estancado, que ya habíamos aprendido lo de siempre y que no sabía cómo aportar algo más. Tenía razón. Sin embargo le sugerí que lo tome como un descanso hasta el próximo trabajo, que ya íbamos a anhelar esos tiempos muertos tirados en un sillón cuando laburemos por producción o cosas así. Justo cuando hablábamos de esto vimos venir a lo lejos a Kevin, un vecino de la casa a quién ya habíamos conocido sin saber quien era. Junto a él, una propuesta.

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