Llegada a Myanmar y nuestros tres días en Yangón

Aterrizamos en el aeropuerto de Yangón después de solo 45 minutos de viaje desde Bangkok viajando por la aerolínea más graciosa del mundo (ver la foto debajo, ja).

El aeropuerto de Yangón definitivamente que no coincide con la realidad de la ciudad, ni del país. No es algo nuevo ya que lo hemos visto en otros país pero creo que no nos generó tanta sorpresa como en Myanmar. Pero mejor que lo vean con sus propios ojos y saquen sus conclusiones.

En la salida nos estaba esperando Thura, un birmano ex monje que hace ya unos años aprovecha sus conocimientos del ingles y el español para hacer de guía. De casualidad visitando el blog de una chica llamada Cristina (¡Gracias!) nos topamos con él al cual le mandamos mail y rápidamente confirmó que nos guiaría por Yangón.

 

 

Tomamos un taxi por 9 mil Kyats (moneda oficial de Myanmar) hacia el centro de la ciudad, en donde se encontraba nuestro hostel. Pese a que estábamos muy cansados (Caro durmió algo pero yo estaba hace más de un día despierto..y estaría más tiempo así) aprovechamos el largo trayecto – del aeropuerto al centro son aproximadamente 40 minutos sin tráfico – para conversar con Thura. Si bien entiende el español, no le es tan fácil hablarlo aunque de verdad que hace un tremendo esfuerzo y se le nota las ganas de aprenderlo.

Nos contó que durante su época de monje aprendió el inglés y también el español ya que quería ir a un templo budista en México. Pese a pincharse esa opción, continuó estudiando y luego de irse a India, decidió finalizar su vida de monje y dedicarse a ganar algo de dinero para su madre. Con el tiempo empezó a perfeccionar los idiomas y comenzó a ser guía para turistas.

Día 1

Llegamos a nuestro hostel Shannkalay Hostel el cual nos costó 20 USD (los precios en Myanmar de los alojamientos son más caros de lo esperado pero una de las razones es el impuesto que el gobierno le pone a los lugares que hospedan turistas) . Lo elegimos ya que, pese a que las fotos no invitan mucho a elegirlo, tenía una calificación muy alta. Y la verdad que no nos equivocamos: gente servicial siempre ayudando, camas cómodas y con aire acondicionado, baños limpios y un buen desayuno.

Thura nos había acompañado hasta el hostel y su casa no quedaba cerca (vive en un monasterio) así que aguantamos nuestras terribles ganas de dormir y nos fuimos a desayunar para luego comenzar el recorrido que él tenía planeado.

 

 

Paramos en una típica casa de té birmana en donde empezamos a darnos cuenta que comer en este país iba a ser complicado. De todo lo que Thura nos tradujo del menú birmano, elegimos unas simples tostadas con manteca y un café, mientras que él se pidió una sopa de fideos. Si, en Myanmar suelen desayunar sopa con fideos. Junto con esto vino una jarra grande de té verde.

Nuestra primera parada fue el Parque Kandawgyi. El día no ayudó pero con un día despejado es realmente muy bonito aunque en algunas zonas está un poco descuidado. De hecho la pasarela de tablones por la que se camina hace del camino un aventura ya que varios de ellos están algo flojos y hay que ir con precaución. Ah, por un lado del parque te cobran entrada, por el otro no.

 

Desde el parque nos fuimos hacia una de las atracciones principales de Yangón: la Pagoda Shwedagon, la más sagrada para los budistas de Myanmar. Acá, se dice que hay algunas reliquias de Buda como un pedazo de tela y pelos. Por eso, la gente viene desde todas partes del país a rezar y dejar donaciones. Algo que nos llamó la atención era que todos iban en dirección contraria a la nuestra, después nos enteramos que se la debe recorrer diciendo las oraciones en el sentido de las agujas del reloj.

Según nos contó Thura y también lo dice la internet jaja, la estupa tiene unos 2500 años de antigüedad. Sin embargo, hay algunas controversias ya que muchos arqueólogos creen que fue construida entre el siglo VI y el siglo X, pero a su vez existen escritos de monjes budistas que indican que fue construida antes de la muerte de Buda, ocurrida en el 480 AC. Cuando sea que la hayan hecho, el trabajo fue magnífico porque a nivel arquitectónico es una real maravilla que te va a dejar con la boca abierta.

La estupa principal es imponente. Está hecha con ladrillos cubiertos con planchas de oro y, solo los hombres y monjes pueden acceder a su base («porque es así», nos dijo Thura, ja). La parte más alta tiene una corona cubierta con más de 5000 diamantes y más de 2000 rubíes. Todo esto fue logrado gracias a las donaciones de autoridades y ciudadanos.

La entrada es válida dentro del mismo día así que como solemos hacer volvimos por la noche. Y una vez mas reconfirmamos que los monumentos, ciudades, fachadas, y todo lo que se les ocurra, son más lindos de noche.

Día 2

Por la mañana del día siguiente Thura nos pasó a buscar por nuestro hostel.  Siempre prolijo, lo encontramos en la entrada con una camisa rosa de manga larga, la cual de solo verla ya nos generaba calor. Los 30 grados de base que hay en la ciudad parecen no hacerle efecto a él.

Como la intención nuestra en Yangón – y en Myanmar – era, más allá de conocer los lugares turísticos, ver bien la realidad de la gente, le dijimos a Thura que nuevamente queríamos caminar. Se ve que no está acostumbrado a que los turistas caminen ya que nos repitió varias veces que era muy lejos. Después de insistirle, partimos rumbo a la zona del puerto.

Por el camino recorrimos toda la zona donde los ingleses se establecieron. Allí nos sentimos un poco en varias partes del mundo, los británicos siempre tuvieron un mismo estilo de construcción – o al menos eso nos parece a nosotros – así que ver el correo central, el municipio, la iglesia, etc., no fue nada novedoso para nosotros.

Luego de un paseo por el puerto y las calles linderas, fuimos rumbo al tren de la ciudad, el cual hace un recorrido en forma de círculo (dura aproximadamente 3 horas el viaje completo) pero lo interesante de este viaje es bajarse en alguna de las tantas estaciones y adentrarse en los pueblitos a ver cómo vive la gente.

El viaje en tren nos mostró una realidad que recién al verla nos hizo pensar en el contexto. Mientras viajábamos íbamos viendo como el país sigue teniendo la herida abierta, muy lejos de cicatrizar. Cada persona que conocimos nos habló de la amabilidad de la gente de Myanmar, pero nadie nos habló de la tristeza que llevan adentro. Caras caídas, miradas a un horizonte borroso, dientes gastados de masticar bronca, eso es lo que al menos nosotros vimos en Yangón.

Bajamos en una estación y caminamos un poco hasta que encontramos a unos pequeños jugando al fútbol. No pudimos evitar sonreír y preguntarle a Thura qué hacían ellos allí. Él nos contaba que muchos de esos niños eran huérfanos ya que sus padres habían muerto en batallas armadas dentro del país o seguían batallando. Porque si hay algo que sigue pasando en Myanmar es que sigue habiendo muertes, pero al parecer al ser de etnias poco importantes, poco importan.

 

Nos quedamos viendo y festejando los goles de los pequeñitos por un buen rato y luego partimos de vuelta al centro.  Al llegar nos despedimos de Thura y le dejamos una colaboración, agradeciendo el tiempo y la predisposición que tuvo para con nosotros. Si quieren conocer un poco más de la historia de Yangón y del país, no duden en contactarlo. Mail: surananda@gmail.com (no sabemos si sigue haciendo esto pero vale la pena intentar contactarlo!).

Día 3

Temprano sacamos nuestro pasaje para ir a una playa no muy famosa de Myanmar: Ngwe Saung . Como el bus salía a las 9:30 PM, aprovechamos para dejar las mochilas en el hostel y partimos rumbo a nuestra última visita turística en Yangón: el buda reclinado.

Este buda fue construido en 1907 pero como se fue deteriorando por las condiciones climáticas, lo demolieron y construyeron uno nuevo en los 60. Su tamaño sorprende, pese a no ser el más grande de su “especie” (el buda reclinado más grande se encuentra en Bago, Myanmar). Las fotos hablan por sí mismas. El ingreso al lugar es gratuito y, como siempre, hay que ingresar descalzo y con los hombros y rodillas cubiertos.

Casi todos estos trayectos los hicimos caminando. Somos unos enfermos de patear ciudades y aunque sabemos que eso nos conlleva mucho tiempo en horas, lo seguimos eligiendo siempre.

Y así se fueron nuestros días en Yangón, una ciudad que no nos gustó pero que no podíamos dejar de visitar.

Así que si venís a Myanmar, pese a todo lo negativo que hayas leído de nosotros, de verdad recomendamos que aunque sea te pases un día entero por Yangón. Si hay algo que aprendimos sobre viajar, es que hay que conocer el lugar por uno mismo para saber realmente cómo es y poder sacar sus propias conclusiones. Por nuestra cuenta, esperamos que Yangón se recupere, que su gente lo haga, y que el capitalismo no los desborde.

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