Paso lluvioso por Salento

Nuestra pasada por Salento fue breve. Apenas arribamos fuimos al hostel a dejar las cosas, nos enteramos que no había tele para ver el superclásico pero decidimos quedarnos igual. A la hora del almuerzo nos fuimos a la plaza que sige cumpliendo con las construcciones de la colonización española, y almorzamos “Patacones con todo”. Era una base de platano frito y encima carne desmechada, pollo, queso y salsas. Una fiesta. Como todo lugar turístico tiene su callecita principal llena de locales de venta de artesanías, los precios no eran para nada accesibles, claro.

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Llegamos al local “Artesanías del Che”, inevitablemente entramos porque sabíamos que podíamos encontrar alguien con pensamientos similares con quien ponerse a hablar. Lu preguntó el precio de un bolso y al que atendía se le escapaba un acento medio argento que quería disimular. “Para.. vos sos argentino?”, le dijimos. Su respuesta efusiva fue: “Ni mamaaaado”. Hicimos nuestro speech de que la mala fama argentina no es para todos, hasta que -calculo que harto de la explicación- admitió su argentinidad. Hace 30 años que se fue del país y que vive feliz en Colombia. “Me fui porque era una época muy dura ya saben… si pensabas distinto te mataban. Además me fui siguiendo los ideales de quien está en la puerta”, contaba señalando la imagen del Che. Allí nos quedamos un buen rato charlando del modo de vida de cada país, de “su” riBer querido, de política y lugares para visitar. Un loco lindo que valió la pena conocer.

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Subimos a un mirador, boludeamos un rato y al toque se largó un diluvio que nos obligó a regresarnos al hostel a hacer fiaca. Mati se quedó en el centro esperando el “delivery de gilada”.

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Inmóviles durante una lluvia incesante pasamos la noche escuchando música y hablando con nuestra gente a la distancia.

Al otro día amaneció igual de lluvioso, cansadas del mal tiempo y sin nada que hacer decidimos con Ludy irnos hacia Cali. Estar en Cali implica que el viaje en Colombia se está terminando y eso me pone media nostálgica pero a la vez ansiosa con todo lo que se viene.

Así dejamos a Mati y a Salento, con sus casas de colores, y su enorme cantidad de perros labradores moviendo la cola.

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