De la tierra crece hierba buena

Todos deben haber escuchado alguna vez hablar de la ayahuasca, y aunque se hable mucho poco se sabe. Vivimos en primera persona la experiencia para poder contarte de qué se trata esta planta de culturas indoamericanas y sus curiosos efectos.


Hace unos meses cuando estuve de viaje por Sudamérica, entre todas las cosas que uno lee cuando emprende un viaje, había encontrado relatos de varias personas que habían experimentado con la Ayahuasca. ¿Qué era? ¿Qué me produciría? ¿Qué podía ver o sentir? Me generaba algo de miedo, pero lo quería saber.

Fue en Ecuador donde un muchacho que me alojó en su casa me comentó que él vendía el tour para la selva amazónica que incluía la toma de este brebaje, o “algo similar”. Por eso, con total honestidad, me sugirió que no compre nada de eso, que había mucho “chanta” (como él?) para llamar la atención al turista, que si probaba la ayahuasca tenía que ser con un chamán real y en otras condiciones. Ante el consejo, le hice caso.

Al tiempo mis vacaciones tuvieron de destino a Uruguay, casualmente una amiga me había comentado que en una de sus visitas al país vecino había contactado con el Centro Sol Nueva Aurora. Llegó el momento de saber en lo que iba a incursionar.

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La ayahuasca es una liana que crece en la olla amazónica comprendida por los países de Perú, Brasil, Ecuador, Colombia y en algunas regiones de Venezuela, Bolivia, Paraguay y en Uruguay donde hay cipos nativos con las mismas características del amazónico pero con un desarrollo más limitado por el clima de la región.  Es con el tallo de esta liana y las hojas del arbusto chacrona viridis que se hace el brebaje del ayahuasca hervida en agua.

Santos Victorino Oreggioni, tiene 49 años, reside en Mercedes, Uruguay, y llegó al Ayahuasca por una fuerte historia personal. “A mi pareja de entonces se le despertó el cáncer en el esternón y al año falleció. En ese período busqué todas las medicinas para curarla pero no llegué al ayahuasca. Fue una amiga de ella que meses después de su fallecimiento me invitó a un rezo de abuelo tabaco (otra planta maestra). El chaman que presidía dicha ceremonia más adelante me invitó a participar de otras en las que se tomaba ayahuasca.  Luego de muchos años de toma, recibí el llamado de la planta”, comenta el chamán. De a poco, fue surgiendo de manera espontánea un grupo de personas comprometidas en este camino de curación y conocimiento. Así, formaron un instituto ecléctico con personería jurídica y habilitado por el Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay.

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Después de charlarlo con mi novio y su primo decidimos asistir al ritual y nos fuimos a Montevideo con nuestra mochila cargada de agua, papel higiénico, frutas y ropa clara, tal como nos habían pedido que lo hagamos. A pocas cuadras de la terminal de ómnibus, se situaba la casona vieja donde tendría lugar la ceremonia. Apenas asomamos por la puerta alguien desde adentro nos dijo: “Sí, es acá”. Pasamos tímidamente y enseguida nos recibieron muy amables mujeres y hombres vestidos de blanco. Mientras nos hacían llenar una ficha donde indicábamos nuestra voluntad de asistencia, el lugar se iba llenando y con un total de 25 personas sentadas en sillas en una gran ronda se dio inicio a la ceremonia.

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Este brebaje se debe tomar en ceremonias rituales presididas por personas con mucha experiencia en la toma y en sus posibles efectos para su mejor contención al paciente. “Se exige una preparación previa para quienes vienen por primera vez. La misma conseja mantener una dieta vegetariana en los días previos a la toma, nada de bebidas con alcohol ni de tipo “colas”, dieta de sexo y evitar exponerse a situaciones agresivas emocionalmente. En estos días bebes mucha agua. La misma dieta se aconseja hacerla por unos días más luego de la toma”, explica Victorino.

La vestimenta para la ceremonia es parte del rito personal. Para ello se aconseja vestir con ropas blancas o de tonalidades claras considerando que los colores absorben y repelen energías y sus vibraciones, y además, por un tema “protocolar de ceremonia”.

Algo que suele llamar la atención, es que se cobre una “colaboración” aunque suene redundante para ser parte de la ceremonia. La explicación, según cuenta Victorino, es que al brebaje “lo preparan comunidades consagradas para ello y por lo tanto se requiere de dinero para costear su elaboración y su envío”. De esta manera se costean los gastos tanto locativos como los de su elaboración y traslado.

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Nos pidieron que nos sentáramos distanciados de quienes conocíamos, esto principalmente para no estar pendiente de la reacción de nuestro ser querido. Luego el chamán nos dio una charla introductoria, adelantándonos con qué nos encontraríamos, contándonos más acerca de la planta y nivelando la ansiedad de todos los presentes, más que nada de los primerizos como nosotros. Sus colaboradores pasaron a entregarnos una bolsita de plástico (a la cual se le daría uso porque es muy común vomitar) y con música que mezclaba percusión y ritmos hindúes, el chamán pasó uno por uno a servirnos en un vaso el brebaje.

 

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La ayahuasca no es adictiva. Contiene compuestos químicos naturales capaces de provocar visiones intensas y sensibilizar agudamente los sentidos. “Estos y otros efectos conducen a la conciencia humana hacia estados mentales inexplicables y que son a la vez reveladores y maravillosos”, señala Santos. Este brebaje está catalogado por la comunidad científica como bebida entehógena por sus efectos de expandir la mente y como medio para obtener una experiencia espiritual mística y muy personal.

“Como medicina sirve como recurso psicoanalítico y psicoterapéutico para que la persona que la toma, adquiera conciencia de sus problemas en su verdadera significación.

Bebiendo ayahuasca podemos influir a voluntad en la esencia de nuestra más íntima personalidad perfeccionándola a favor de los cambios que se quieran hacer”, afirma el chamán uruguayo.

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El tiempo pasó a ser relativo. Nos habían comentado que estaríamos tres horas bajo los efectos de la Ayahuasca, incluso nos ofrecían un segundo vaso a la hora. No pude tomarlo. Mi miedo al descomponerme era más grande que otra cosa en principio y me costaba soltarme, lo que tanto habían pedido. Sentía que me bajaba la presión pero tampoco quería desesperar. Por eso acudí a la calma, a no olvidarme que en ese trance yo seguía siendo consciente de mi cuerpo de todos modos. Una vez más tranquila, me dejé llevar. Con los ojos cerrados mi mente no dejaba de pasar personas y momentos cotidianos, uno tras otro. Luego vinieron los sueños, sueños que recordaba de mi infancia reaparecieron y ni siquiera me interesaba hacer reflexión sobre ellos. Luego vino la introspección, ese encontrarse con uno mismo, lo que querías ver y lo que no también. Charlas con gente que ya no está, querer mantener un diálogo imaginario y que todo desaparezca al instante. El llanto y la risa, en cuestión de segundos. Cuando me quise acordar ya había decidido abrir los ojos de nuevo. Mientras volvía en sí aparecieron por primera vez las nauseas y los vómitos. Otra vez sin noción del tiempo, todos en la sala empezaron a incorporarse hasta que regresó el chamán.

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A la Medicina Ayahuasca, se le atribuyen los siguientes atributos: “Doctora” porque cura las dolencias físicas, mentales y espirituales. “Maestra” porque enseña en el arte de la naturaleza y “Madre” porque guía, da poder, saber y visión.

El Ayahuasca es para todos, pero no todos son para el ayahuasca. Es un camino muy personal en lo que se debe de ser muy disciplinado para participar de su ritual. Es por eso que no es recomendable para personas con trastornos de esquizofrenia, problemas renales severos, medicados con anti-depresivos, problemas en el aparato digestivo no problemas cardíacos. Tampoco convalecientes por cirugías recientes. Siempre es bueno consultar con la persona con quien se va tener la experiencia y eliminar las dudas que surjan antes de participar del evento ceremonial de la toma.

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El final de la ceremonia consistió en una nueva charla con el chamán. Decía cosas interesantes pero yo no podía mantener la concentración. Trataba de pensar en las señales que había tenido un rato atrás, y a su vez quería disfrutar de ese estado de ánimo al que solo podía describir como “estar en paz”. Después de un rato, al finalizar la ceremonia es común que todos se den un abrazo como si nos conociéramos desde siempre. Por algún motivo estás en un estado de gratitud en el que abrazas y miras a los ojos a cualquiera de los presentes aunque tal vez fuera la primera y última vez que los vieras en tu vida. Una vez que nos sentimos listos decidimos emprender la vuelta. El camino a la terminal fue el primer desahogo de experiencias vividas, de silencios que decían mucho y de sonrisas que expresaban más que la satisfacción de un buen momento. Nos habíamos encontrado con nosotros mismos desde otro plano, el miedo ya había desaparecido y la curiosidad pasó a convertirse en un nuevo y especial conocimiento. Al final unos muchachos de Mataderos me lo habían adelantado hace bastante: “De la tierra crece hierba buena, con la lluvia y el rayo de sol, pasadizo para el otro patio…”.  

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