Historias de Couchsurfing: un iraní suelto por Malasia

Esta es una de las historias bizarras y raras que te pueden pasar usando Couchsurfing.

Voy a pegar el comienzo de lo que fue nuestra semana en Penang con Farzán, escrito por Carola en esta nota: Penang, una semana de descanso con Couchsurfing.

Ya habíamos hablado con Mati y Jenni sobre nuestra experiencia en Couchsurfing y, pese a que les hacía un poco de ruido, me la jugué en buscar alojamiento bajo esta modalidad en Penang. Enseguida un tal Farzan me contestó que sí, y comenzó a hablarnos por Whatsapp de una manera extraña. “¿Ustedes son de mente abierta?” “Ya tuve problemas con otras parejas y no quiero que haya malos entendidos”, etc. Era un tremendo interrogante y obviamente avalamos todas las posibilidades: quería trío, simplemente fumaba faso, era un narco, quería orgías. Andá a saber. Por las dudas chequeamos de nuevo las referencias y eran todas positivas. Así que, un poco desconfiados, nos mandamos igual.

Asadito con mezcla iraní, rusa, griega y argentina. ¡Que lindo es viajar!

Lo bueno que tiene Couch es que, antes de mandarle mensaje a alguien, uno puede ver las referencias de la gente que se hospedó con él y poder, en base a eso, ver si es alguien de confianza o si tiene hábitos «especiales» (hemos encontrado personas acusando a hombres que hospedaban y solo buscaban sexo, por ejemplo). En el caso de Farzan, todos los comentarios eran buenos, pero casi todos tenían algo en común: la frase «persona especial». Con todo esta información, fuimos rumbo a lo del hombre iraní.

La presentación ya daba respuesta a lo de «especial» ya que sus primeras palabras serían utilizadas para hablar del odio hacia su ex novia, a la cual tenía viviendo en frente de su casa, y de cómo le había sacado todo su dinero.

Cada momento a solas con el iraní era una nueva historia para contar. Por suerte, el tener a Lu y Toli, pareja argentino-griega que se encontraba haciendo couch ahí también, ayudaba mucho: lo conocían bien y sabían como tratarlo y, lo más importante, ambos eran músicos y nos entretenían entre mates y cervezas con la hermosa voz de ella y sus guitarreadas.

Como decía, cada momento con Farzán es una nueva anécdota para contar y, les aseguro, no tienen desperdicio.

La primera noche en la casa, nos invitó a Mati y a mi a que vayamos a comprar cervezas con él en su auto. Al subirnos, notamos que era un auto de esos que se podrían denominar «armados». Con su típica sonrisa, Farzán se puso sus gafas de sol (pese a que era bien de noche) y arrancó. Cómo explicar lo que fue ese viaje de tan solo 5 minutos. Vamos a explicarlo así: Farzán en su pasado fue un corredor de carreras – al parecer exitoso – en Irán, por lo cual amaba la velocidad. Esquivando autos a 90 kilómetros por hora en calles más chicas que las de Venecia, así fue el trayecto hacia la licorería.  Y así serían los viajes cada vez que nos subíamos a uno de sus dos autos. Su sonrisa, sus gafas de sol, su marcha atrás relajada, y su aceleración arando. Siempre en ese orden.

Entre las cosas que contaba el iraní, nos había mencionado que poseía un departamento más al centro de la ciudad – el cual en breve según el vendería para que no se lo robe su ex – que contaba con una pileta y un salón de juegos. El calor agobiante de Penang era suficiente para aceptar con buenos ojos y soportar un nuevo viaje en su auto. Buen para todos menos para Caro que, después de su primera – y única – experiencia, no quiso volver a subirse.

Ya allí, sentados en la pileta del complejo les comentaría a Mati, Jenni, Toli y Lu, lo bien que veía la chance de tirarse al vacío desde el piso 11 de su departamento. Fue escuchar esta última oración del iraní para comprender que utilizaba Couchsurfing por el simple hecho de no estar solo. Y que sin los viajeros constantes que pasaran por su casa, quizás su destino estaría en ese balcón.

Igual, hay que ser justos y contar que Farzán es una gran persona. No por nada nos quedamos una semana con él y no por nada tiene la cantidad de buenas referencias que tiene. Pero lo que también es cierto, y que pasa y pasará en una herramienta como Couchsurfing, que la gente que te hospeda puede traerte sorpresas.

Por eso es que siempre recomendamos leer bien las referencias que tiene un perfil, leer su información y, en caso de ver algo sospechoso o que suene raro, intentar no hospedarse con esa persona. Por suerte en cada ciudad sobran personas con ganas de hospedar viajeros. Y por suerte la mayoría de ellos son excelente personas. Farzán fue uno de ellos, y no vamos a negar que fue una experiencia especial y única que nos regaló miles de anécdotas (cómo olvidar su fanatismo por las rusas y sus gritos mañaneros hacia Jenni, la cual justamente se apoda «Rusa»). Pero el quedarnos con él nos dio la chance de cruzarnos con otras dos personas increíbles como Lu y Toli, al cual por suerte volveríamos a ver en otra parte del mundo.

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