Hasta siempre muchachos, ¡Y gracias!

Hoy fue uno de los días más tristes de nuestra experiencia en Nueva Zelanda. Hace exactamente un año atrás llegábamos a lo de Don y Cheryl para hacer wwoofing (unas horas de trabajo a cambio y comida y alojamiento). La vista desde la casa nos deslumbró pero cuando vimos asomarse a unos diez terneros por detrás de la reja del jardín supimos que este iba a ser un lugar especial. Con un poco de pasto en la mano esperamos que alguno se acerque. Desconfiados, miedosos (tienen sus motivos, claro) pispeaban hasta que uno se acercó. 111. Masticó el pasto y cuando no hubo mas dejó que lo acariciemos. Después comenzó a refregarse una y otra vez como si fuese un perro, y nosotros, bichos de ciudad, no lo podíamos creer. 111 pasó a ser Suarez.

Con el tiempo, otros también perdieron el miedo y nosotros la autoridad aunque tampoco nos importó. ¿Cómo no involucrarse sentimentalmente con estos tipos que no hicieron otra cosa que demostrarnos amor? ¿Cómo ignorarlos si cada vez que podían nos metían un lengüetazo en la cara como si fuese tu perro de toda la vida? Mientras tanto los dueños de la granja nos recordaban: “They are not pets”. Volvimos casi un año después con la incertidumbre de si se acordarían de nosotros y no solo nos reconocieron, nos cambiaron la cabeza. Recién nos acaba de tocar despedirlos. Los venden, los rematan. No crecieron lo suficiente, no son negocio, ya no les sirven. No vengo en pose de juzgar a nadie, sino mas bien de afianzar mis pensamientos. No busco consejos, ni chistes, ni consuelo. Tan solo contarles que hay bocha de mundo por descubrir, que estamos llenos de dudas y sentimientos que solo despiertan cuando algo nos toca de cerca y que la vida merece ser vivida en todas sus formas para poder elegir lo que nos hace bien. Viajar justamente, es parte de esa exploración hacia nosotros mismos, será por eso que me gusta tanto =)

Hasta siempre Suarez, hasta siempre muchachos.

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