Días 50 y 51: La Paz y Oruro

La Paz: “Chau por un rato”

Madrugamos para poder ir a sacar nuestros pasajes en tren desde Oruro a Uyuni y para disfrutar lo poco que nos quedaba junto a Tita y Manuel.  Tomamos unos mates junto a un brasilero que le encantaba y una misionera que subía sola hacia Perú, luego, marchamos.

Nos fuimos con Carola a comprarlos y, algo perdidos, nos cruzamos con Jacqueline, una mujer que no solo nos dijo cómo llegar hacia donde debíamos ir si no que se subió al mismo Bus, se bajó con nosotros y nos acompañó hasta la puerta del lugar. Gente buena en Bolivia no falta, sépanlo. Lo que falta es voluntad o una propuesta de atender al turista sabiendo que aporta dinero para su país.

Con los pasajes en mano, nos relajamos un poco ya que el próximo destino estaba asegurado y, de a poco, nos acercábamos a Argentina. Volvimos hacia el hostel para, por decimocuarta vez en el viaje, despedirnos de gente que hizo de nuestro días de viaje más placenteros y geniales. Partimos todos rumbo a la terminal, nuestro último lugar juntos.

Tita y Manuel partieron hacia Cochabamba mientras que nosotros, junto a Iván, nos fuimos a Oruro desde donde saldría nuestro tren. Tan buena onda; el habernos cruzado por casualidad y de inmediato sentir que ya éramos amigos hace que cueste un poco más despedirse. Entre lágrimas, risas y promesas de futuras juntadas nos dijimos chau por un rato.

Oruro: “El viejo sobrador”

Después de más de 4 horas de viaje por una ruta en construcción que hacía del trayecto más movido y lento de lo esperado, llegamos a destino. ¿Cómo describir esta ciudad? Digamos que no nos generó sacarle foto alguna.

Después de recorrer, nuevamente, casi todo el lugar en busca de un hostel que valga el precio. En medio de esa búsqueda nos topamos con un hospedaje donde un viejo nos dijo: “¿Si hay wifi? Si, tengo tv cable” y, al volver a pedirle habitación, se nos río al grito de: “¿Así que no consiguieron wifi?”.

Finalmente, terminamos quedándonos en uno a 100 bolivianos la habitación para los tres: Residencia San Miguel. Nos acomodamos y fuimos a comer algo ya que no morfábamos desde la mañana y ya eran las 7 de la tarde. Encontramos un puestito de empanadas tucumanas, si, tucumanas (en toda Bolivia las empanadas se llaman Tucumanas y Salteñas, son parecidas, con papa, huevo y toda la chuchería), nos quedamos viendo una película en nuestra pequeña habitación y fuimos a dormirnos temprano sabiendo que mañana tenemos un día muuuuy largo hasta que salga el tren.

Fue tan temprano el horario al que nos dormimos que a la mañana nos despertábamos todo el tiempo pensando que era tardísimo pero no, recién eran las 7 AM. Después de un rato de dar vueltas nos levantamos, pegamos una ducha bien caliente y nos fuimos a recorrer el pueblo hasta las 19, horario en el que salía nuestro tren.

Aprovechamos el tiempo al pedo para charlar un poco más con Iván, conocer un poco más su vida y ayudarlo a planear su viaje por Argentina. Compramos las provisiones para el viaje, nos sentamos en la estación a ver Barcelona-Celta hasta que llegó nuestro esperado transporte. Asientos cómodos, muy buen servicio y “El Patriota” cómo película de estreno nos sirvieron para un viaje de 7 horas que nos esperaba para llegar a Uyuni, nuestro último destino turístico en Bolivia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.