Día 52: Salar de Uyuni, “Labios secos”

La llegada estipulada a Uyuni era a las 2:20 AM y a las 2 ya estábamos ahí. Una puntualidad pocas veces vista. Bajamos y vimos que éramos los únicos turistas. Eso sít, estábamos rodeados de cholas que venían desde Oruro a trabajar en un gran mercado que se armaba en la ciudad los jueves.

Como todavía era muy de noche y todo estaba cerrado decidimos ahorrarnos el hospedaje y dormir junto a las queridas cholitas en la estación. Allí nos dimos cuenta que había otra turista. Una chilena fanática del mate que nos recibió con unos bien calentitos para matar el terrible frío que hacía.

Nos despertó el guardia del lugar para invitarnos a retirarnos junto a las vendedoras y salimos en busca del tour hacia el salar. Rocíen eran las 6 de la mañana pero y ya nos abordaban las mujeres que nos ofrecían una por una sus mejores ofertas.

Así fue como conocimos a Antonia. Ella merece un capítulo pero vamos a resumir un poco para no hacerlo largo. De arranque nos compró cuando nos dijo que el tour con ella valdría 110 bolivianos, el más barato que habíamos oído. Luego, no solo nos salvó de tomar un café carísimo si no que nos invitó a tomar uno con ella y nos insistió con que nos iba a dar “mucha agua caliente” para que tomemos mates.

Nos hizo sentir como en casa en su agencia. Nos dejó utilizar el baño a gusto, calentar agua la cantidad de veces que queríamos y que dejáramos las mochilas mientras hacíamos el tour.  Al día siguiente nos haría más favores que la pintan como persona y que hace que nosotros, a todo aquel que nos lea y venga hacia el salar, le recomendemos “Uyuni Tours”.

Salar de Uyuni

Fuimos hacia el lugar junto a dos argentinos, un brasilero y nuestra amiga matera chilena. Por dónde empezar. De arranque fuimos entonados al lugar, lo que hizo que el recorrido sea mucho más interesante. Nos avisaron que en esta época el salar estaba más seco pero, pese a no poder ver ese reflejo increíble que habíamos visto en fotos,  disfrutamos a más no poder el lugar de una extensión de más de 15 mil kilómetros.

Sé que suelo ser reiterativo con estas cosas, tal vez por defecto a la hora de escribir o por comodidad pero las fotos que sacamos van a hablar mejor que yo de lo que es el Salar de Uyuni. Como dije, está muy seco. Sus temporadas altas son hasta mediados de febrero por las lluvias o a partir de junio pero igualmente el lugar te deja maravillado.

Recorrimos: la Isla del pescado, un lugar extenso repleto de cactus; el hotel de sal, lugar que antes se utilizaba pero por la contaminación lo cerraron; comimos carne de llama, si, de llama, cocinada por nuestro conductor y guía; vimos los llamados “ojos del salar”, especies de lagunas pequeñas a las que le salen burbujas por el oxígeno; y por último nos llevaron al medio de la nada misma a disfrutar del increíble paisaje y a sacarnos las típicas fotos tontas que aparecen en el blog: boludosenlassalinas.tumblr.com

De vuelta a la ciudad, muertos de cansancio y con los labios secos por haber tenido la brillante ocurrencia de comer sal y probar el agua con el sol pegando al máximo, fuimos a una resiencia llamada “el chavito” la cual Antonia nos había dicho que sería más económica que las demás.

Nos recibió una chica sin mucho interés por atendernos que, tras consultar con alguien por teléfono, aceptó nuestro regateo y nos dejó la habitación por 25 bolivianos. Le pagamos, dejamos las cosas y nos fuimos a comer tranquilos no solo por tener un techo económico en la noche fría de Uyuni si no que por saber que podríamos, según ella, quedarnos al día siguiente todo el tiempo que querramos , algo importante para nosotros debido a que nuestro tren hacia Villazón salía las 10 PM. Ya faltaba poco para volver a Argentina y parecía que marchaba todo más que bien. Pero  como estábamos en Bolivia, algo más nos tenía que pasar. Y pasaría.

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