Día 48: Isla del Sol: «Si me acercas las nubes las cabeceo»

Arrancamos temprano hacia la Isla del Sol (¿Será de la que hablaba Leo García?) junto a nuestros nuevos amigos colombianos. Nosotros llevábamos el mate y ellos las galletitas.

Después de dos horas de viaje en barco, en las que nos dedicamos a hablar de los países sudamericanos y de la pasión por viajar, mates mediante, llegamos a destino.

Los chicos tenían el dato de un gran y barato lugar donde quedarse a dormir. Quedaba en una colina de la isla bastante empinada pero si que valdría la pena. Después de negociar con la señora del lugar, una chola llamada Alicia, nos dejó la habitación a 20 bolivianos por persona. ¿Cómo describir la vista de la habitación? Creo que nada va a ser mejor que mostrarles la foto:

Nos acomodamos, almorzamos algo y emprendimos viaje para recorrer la isla. Fuimos a la playa en la que acampaban unos argentos que iban hacia Perú y que nos invitaron a una juntada a la noche.y luego marchamos hacia unas ruinas. Al llegar a la entrada un lugareño nos comentó que el costo para verlas era de 10 bolivianos y, al decirle que no íbamos a pagar, nos “invitó” a irnos de vuelta a la playa.

Dimos unas vueltas y los 5 estuvimos de acuerdo en que es un paraíso perdido en Bolivia. Creo que todas las imágenes van a expresarse mejor que yo pero cuento un poco más.

Decidimos ir a ver el atardecer en la cima de una de las montañas y, otra vez, es indescriptible todo lo que vimos desde arriba aunque, gracias a la sorpresa de Tita, lo disfrutamos el doble: se veía clara la cordillera; el lago Titicaca descansaba manso y bien azul; nos quedamos callados y solo se escuchaba el susurro del viento.

Llegó la noche y con ella una lluvia de estrellas. Creo haber visto hasta el último hueco de cielo tapado por ellas. Cenamos fideos cocinados en un horno a leña en el que se encontraban cientos de cuys y nos fuimos a dormir poniendo la alarma para despertarnos y ver el amanecer.

Una imagen vale más que mil palabras y la que quedó en mi cabeza de este lugar es imborrable.

T.

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